Hombre de 50 años, operador de maquinaria vial, oriundo de Bolivia, residente en Pico Truncado (provincia de Santa Cruz, Argentina) por más de 30 años. Antecedentes conocidos: apendicetomía (que se complicó con peritonitis por lo que fue reintervenido quirúrgicamente) y nefrolitiasis (tratada con litotricia en dos oportunidades). Comenzó a mediados de 2017 con diarrea acuosa, dolor abdominal y pérdida de peso. Una videocolonoscopía realizada a fines de 2017 demostró la presencia de úlceras lineales confluentes sugestivas de enfermedad de Crohn con anatomía patológica compatible a 40 cm del margen anal. Fue internado en la ciudad de Comodoro Rivadavia en enero de 2018 y se inició tratamiento con pulsos de corticoides endovenosos continuando con dosis de 1 mg/kg/día por vía oral. Evolucionó con registros febriles por lo que requirió nueva internación. Se realizó tomografía computarizada que evidenció engrosamiento del sigmoides. Se interpretó como enfermedad inflamatoria intestinal grave y refractaria al tratamiento. Se planteó inicio de rituximab pero se demoró dada la presencia de serología positiva para anticuerpo anticore de hepatitis B. Evolucionó con hipotensión arterial, hemoptisis e insuficiencia respiratoria hipoxémica por lo que se realizó intubación orotraqueal y conexión a asistencia respiratoria mecánica y fue derivado a nuestra institución. Al ingreso, se encontraba en coma, con petequias en abdomen y en miembros superiores, ruidos hidroaéreos ausentes. Las pruebas de laboratorio de ingreso mostraron hematocrito 25%, leucocitos 8500/mm3 (eosinófilos 0.1%), velocidad de sedimentación globular 80 mm/h, plaquetas y coagulograma normales y serología negativa para virus de inmunodeficiencia humana (HIV). La tomografía computarizada de tórax mostró infiltrados bilaterales. Se realizó fibrobroncoscopía que descartó hemorragia alveolar y se tomó lavado bronquioalveolar. Se decidió realizar nuevas endoscopías digestivas. En la videoendoscopía digestiva alta se evidenció una duodenopatía inespecífica de la cual se tomaron biopsias. La videocolonoscopía mostrópérdida del patrón vascular con friabilidad y erosiones de forma parcheada y asimétrica de donde también se tomaron biopsias. La anatomía patológica reveló la presencia de organismos parasitarios compatibles con Strongyloides stercoralis en lavado bronquioalveolar y en muestras de duodeno y colon. Se desestimó el diagnóstico de enfermedad inflamatoria intestinal por lo que se suspendió el tratamiento con corticoides y se inició tratamiento con albendazol e ivermectina interpretando hiperinfección por S. stercoralis. La ivermectina fue administrada por vía subcutánea debido a que el paciente se encontraba en íleo grave, con débito de más de 4 litros por día a través de sonda nasogástrica. Dado el diagnóstico de hiperinfección por S. stercoralis en paciente HIV negativo, se solicitó dosaje anticuerpo anti-virus linfotrópico de células T humanas (HTLV) I y II y se obtuvo un título reactivo de 150.8 (método enzimoinmunoensayo, valor normal ≤ 1). A pesar del tratamiento antiparasitario instaurado y la suspensión de la sedoanalgesia, el paciente persistió con cuadro clínico de encefalopatía sin causa clara. Los resultados de una tomografía computarizada de encéfalo, una punción lumbar y un electroencefalograma fueron normales. Se realizó resonancia magnética de encéfalo que evidenció imágenes compatibles con sedimentación de elementos larvarios en ventrículo lateral derecho. El paciente evolucionó lentamente de forma favorable, con resolución del íleo y de la encefalopatía. Fue traqueostomizado y luego decanulado. Egresó de nuestra institución en marzo del 2018 a centro de rehabilitación especializado.