Presentamos el caso de un varón de 61 años, ex-fumador y ex-minero, con antecedentes patológicos de DM 2, dislipemia, neumoconiosis e hiperplasia benigna de próstata. Recibía tratamiento con metformina, atorvastatina y tamsulosina. Se trata de un paciente asintomático, derivado desde Atención Primaria por hallazgo de sangre oculta en heces positiva. Por este motivo, se realiza colonoscopia donde se aprecia neoformación de aspecto infiltrante en colon descendente cuya anatomía patológica fue compatible con adenocarcinoma moderadamente diferenciado. Se realiza estudio de extensión mediante TAC toracoabdominopélvico con hallazgo de adenopatías patológicas a nivel de ligamento gastrohepático e hilio hepático junto con agregados adenopáticos de gran tamaño en mediastino. Dado que las metástasis de adenocarcinoma de colon izquierdo no son habituales a este nivel, y puesto que no existía enfermedad metastásica locorregional ni hepática (mucho más típico), se realiza endoscopia digestiva alta, apreciándose lesión esofágica, sobreelevada y ulcerada, que se biopsia. Con el objetivo de obtener biopsias de las adenopatías y, de este modo, completar el estudio, se decide realizar una ecoendoscopia digestiva alta.
El diagnóstico definitivo se obtiene con los resultados microbiológicos e histológicos: PCR para Mycobacterium tuberculosis positivo e inflamación crónica granulomatosa necrotizante en muestras de mucosa esofágica y biopsia de adenopatías. Se diagnostica así al paciente de tuberculosis ganglionar con formación de fístula esofágica.
Posteriormente, el paciente fue sometido, por un lado, a tratamiento quirúrgico del adenocarcinoma de colon con intención curativa y, por otro lado, a tratamiento tuberculostático convencional, con buena evolución clínica posterior.
La tuberculosis ganglionar es la forma de tuberculosis extrapulmonar más frecuente. Se produce por diseminación hematógena o linfática, y puede afectar a cualquier nivel, aunque lo más frecuente es a nivel cervical y supraclavicular. Habitualmente, en individuos inmunocompetentes, tiene una evolución crónica, con pocos síntomas sistémicos y tendencia, con el tiempo, a la formación de fístulas por donde se expulsa el material caseoso. Para confirmar el diagnóstico se necesita biopsia de las adenopatías con envío de muestras a microbiología (BAAR, cultivo y PCR) y Anatomía Patológica (inflamación crónica granulomatosa necrotizante) y, el tratamiento se basa en fármacos tuberculostáticos habituales.