Paciente de 70 años que acudió al Servicio de Urgencias de nuestro hospital por dolor en fosa ilíaca izquierda desde hacía tres días. Al llegar, el paciente se encontraba estable aunque muy nervioso e inquieto, y a la exploración física mostraba peristaltismo disminuido aunque ventoseaba, y dolor en fosa ilíaca izquierda con signos de irritación peritoneal. La tensión arterial era de 148/98, la temperatura de 36o, la frecuencia cardíaca de 66 pulsaciones por minuto, saturación de oxígeno del 96 % y el electrocardiograma no mostraba alteraciones de interés. En la analítica presentaba creatinina de 1,5 mg/ dl y leucocitosis de 12.000·103 mg/dl sin otras alteraciones relevantes.
Como antecedentes personales, el paciente era hipertenso, no diabético, exfumador desde 2013 y tuvo un infarto de miocardio no reperfundido en Diciembre de 2013.
Tras la sintomatología inespecífica del paciente, el médico de la puerta de Urgencias le pidió una radiografía simple de abdomen y contactó con la radióloga de Urgencias para comentarle el caso. Dicha prueba de imagen no evidenciaba imágenes litiásicas proyectadas sobre el trayecto teórico de los uréteres, ni mostraba dilatación de asas intestinales o ausencia de gas distal que sugirieran obstrucción intestinal. Sin embargo, continuando con la lectura sistemática de la prueba y al evaluar las líneas grasas y siluetas viscerales abdominales, se observó un aumento de densidad paravertebral izquierdo con calcificaciones periféricas que borraba parcialmente la línea del psoas ipsilateral sugestivo de corresponder a un aneurisma de aorta abdominal.
Tras este hallazgo y debido a la clínica inespecífica del paciente, se decidió realizar angio-TC de aorta abdominal en fases simple, arterial y portal, confirmándose la presencia de un aneurisma de aorta abdominal infrarrenal de 9,4 x 9,3 x 12 cm (anteroposterior x transversal por craneocaudal) con un hematoma periaórtico retroperitoneal asociado que se extiende por el compartimento del psoas bilateral pero predominantemente izquierdo y por las fascias renal anterior y posterior izquierdas compatible con una rotura aórtica aguda.
Tras ésto, se contactó telefónicamente con el Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca para el traslado del enfermo, y se realizó el informe de la TC en el que además de la localización, diámetros, y signos de rotura del aneurisma, se incluyeron otras medidas de interés de cara a escoger el mejor tratamiento para el paciente que incluyen la presencia de ateromatosis calcificada aorto-ilíaca (que era moderada), la longitud y angulación del cuello del aneurisma (que era de 28 mm y 120o respectivamente), así como el diámetro mínimo de la arteria ilíaca externa proximal (10 mm).
Al llegar al Hospital de referencia de la región, el paciente continúa en situación estable, y es evaluado por los radiólogos intervencionistas y cirujanos vasculares, que deciden realizar tratamiento endovascular colocando de forma urgente y con éxito una endoprótesis aórtica. Tras el procedimiento, el paciente siguió una evolución clínica favorable y fue dado de alta cuatro días después.