Paciente masculino de 90 años de edad, originario y residente del estado de Tlaxcala, jornalero. Con alcoholismo positivo desde los 25 años de edad a base de bebidas fermentadas, llegando frecuentemente a la embriaguez. En 1998 cursó con enfermedad vascular cerebral oclusiva de la arteria cerebral media izquierda que le dejó como secuela hemiparesia espástica derecha. Inició su cuadro clínico en noviembre de 2003, había ingerido presumiblemente 500 cc de líquido anticongelante que se encontraba en una botella de refresco, con verborrea, poliuria y polidipsia. Un día después se agregó somnolencia, que evolucionó al deterioro neurológico, así como respiración estertorosa. Fue llevado 24 horas después de la ingesta a su Hospital General de Zona correspondiente. Dos horas antes de su llegada a su hospital de adscripción tuvo pérdida del estado de alerta, además de respiración rápida y superficial; a su llegada se encontró con pérdida del estado de alerta, respiración acidótica y ruidos cardiacos arrítmicos. La gasometría tomada a su ingreso reportó pH de 6.9 sin determinación de PCO2 ni de bicarbonato. Por deterioro de la mecánica ventilatoria se decidió intubación orotraqueal y asistencia mecánica ventilatoria. Fue trasladado a la Unidad de Cuidados Intensivos de nuestra unidad, donde se encontró bajo asistencia mecánica ventilatoria; se tomó control gasométrico que mostró acidosis metabólica con brecha aniónica de 35.79; la citometría hemática reportó leucocitosis con neutrofilia, mientras que la química sanguínea reportó hiperglucemia, azoemia e hiperfibrinogenemia. A pesar de reposición de bicarbonato, persistió con acidosis metabólica por lo que se le realizó diálisis peritoneal. Posteriormente padeció crisis convulsivas tónico-clónico generalizadas, anuria y agitación psicomotriz. Continuó con acidosis metabólica a pesar de diálisis peritoneal y reposición de bicarbonato. El Cuadro 1 muestra los resultados de laboratorio y el Cuadro 2, los resultados de las gasometrías. Se solicitó apoyo al centro toxicológico de Monterrey; a pesar del tiempo transcurrido, se decidió la administración de etanol por sonda nasogástrica a razón de 0.5 mL/kg/dosis, cada dosis se administró cada cuatro horas. Veinticuatro horas después de haberse iniciado la administración de etanol, el paciente se encontró soporoso y con localización del estímulo nociceptivo. Se sometió a hemodiálisis al sexto y séptimo días de haber ingresado por mayor incremento en las concentraciones de los elementos azoados. Después de la segunda sesión de hemodiálisis se encontró despierto, colaborador y obedeciendo órdenes. Se retiró el soporte ventilatorio a los 11 días; se egresó a los 13 días con persistencia de la elevación de los azoados.