Se trata de un paciente varón de 72 años de edad diagnosticado de cirrosis hepática secundaria a infección por el VHC en seguimiento estrecho en consultas de Hepatología de nuestro centro desde el año 2000. Estaba infectado por un genotipo 1b y no había recibido tratamiento antiviral en el pasado por rechazo por parte del paciente a recibir tratamiento con interferón. Entre sus otros antecedentes médicos más relevantes destacaba la intervención quirúrgica en su infancia de un ductus arterioso persistente, la presencia de una fibrilación auricular paroxística, la colocación de dos stents coronarios convencionales en 2004 indicados por cardiopatía isquémica y una cirugía de recambio valvular aórtico en 2013 por una prótesis metálica, requiriendo desde entonces anticoagulación oral (Eliquis®). Además, había presentado en el año 2007 y 2013 episodios de accidentes cerebrovasculares agudos sin secuelas posteriores y estaba diagnosticado de enfermedad pulmonar obstructiva crónica con afectación moderada. En mayo de 2014, en el contexto de una prueba de cribado de hepatocarcinoma, se realizó una resonancia magnética hepática donde se encontró una lesión de 25 x 17 milímetros en el segmento VI hepático sugerente de carcinoma hepatocelular. Se optó por realizar ablación mediante radiofrecuencia como tratamiento, lográndose respuesta completa radiológica en la resonancia magnética realizada cuatro semanas tras el tratamiento. Se sometió al paciente a continuación a seguimiento clínico y radiológico realizando pruebas de imagen cada tres meses sin objetivarse recidiva tumoral. En mayo de 2015, el paciente comenzó tratamiento antiviral con ledipasvir/sofosbuvir 90/400 mg (Harvoni®) una vez al día durante 12 semanas, tras documentarse la ausencia de enfermedad tumoral mediante una resonancia magnética hepática dos días antes de empezar el tratamiento. El paciente finalizó el tratamiento sin presentar eventos adversos ni complicaciones y logrando alcanzar respuesta virológica sostenida a las 12 y 24 semanas después de finalizar el tratamiento.
En octubre de 2015 se realizó una nueva resonancia magnética hepática donde se observó el área del tumor hepático tratado con radiofrecuencia sin captación de contraste y sin otros datos que orientaran a recidiva tumoral. No obstante, tres meses después se decidió realizar una nueva resonancia magnética, en la cual aparecieron múltiples lesiones hipointensas en T1 y ligeramente hiperintensas en T2 de pequeño tamaño a lo largo de todo el parénquima hepático, algunas de las cuales presentaban realce periférico en anillo, siendo sugerentes como primera posibilidad de metástasis hepáticas. La zona del segmento VI donde se había aplicado radiofrecuencia en el pasado se mantenía sin signos radiológicos de recidiva tumoral. En ese momento, la hipótesis de una posible recidiva tumoral de comportamiento agresivo del hepatocarcinoma previo era uno de los diagnósticos más probables, aunque el comportamiento radiológico también hacía sospechar que se tratara de metástasis de un tumor primario no conocido y originado a nivel extrahepático. Por ello, se decidió realizar una punción-aspiración con aguja fina de una de las lesiones hepáticas para análisis citológico, el cual mostró células metastásicas de un carcinoma neuroendocrino de célula pequeña (CD56+; sinaptofisina+ en el estudio inmunohistoquímico).
Se realizó a continuación una tomografía axial computarizada cérvico-tóraco-abdominal para completar el estudio, donde se visualizaron lesiones a nivel de cuerpos vertebrales dorsales y lumbosacros, siendo sugerentes de enfermedad metastásica. La gammagrafía ósea y la resonancia magnética de columna realizadas posteriormente confirmaron los hallazgos de la tomografía.
Hasta la fecha, no se ha logrado encontrar la localización primaria del tumor, si bien la hipótesis de un carcinoma microcítico de pulmón con afectación metastásica es el diagnóstico más probable. En el momento actual el paciente está recibiendo quimioterapia basada en un régimen consistente en carboplatino y etopósido y ha recibido radioterapia paliativa para control del dolor secundario a las metástasis óseas de columna, presentando buena respuesta clínica. En la tomografía axial tóraco-abdominal realizada seis meses después de comenzar el tratamiento quimioterápico han desaparecido la mayoría de las lesiones hepáticas y óseas metastásicas, persistiendo solo algunos nódulos milimétricos hepáticos. Dada la buena respuesta, se ha reiniciado un nuevo ciclo de tratamiento oncológico cuyos resultados serán evaluados en el futuro próximo.
