Se presenta el caso de un paciente de 65 años sin antecedentes previos de hepatopatía, aunque refería consumo diario de 65 g de alcohol, al que se le realizó una TC abdominal con contraste intravenoso ante la sospecha de una masa abdominal. Un análisis realizado una semana antes de esta exploración mostraba una leve elevación de las transaminasas (< 1,5 el límite superior de la normalidad de ambas) con GGT más de 4 veces por encima de los valores normales probablemente en relación con el consumo elevado de etanol. Tras la TC el paciente presentó astenia y observó oscurecimiento de la orina. En la exploración física destacaba una intensa ictericia. Los análisis realizados 3 días tras la realización de la TC mostraron colestasis con bilirrubina de 12,1 mg/dl (esterificada 8,27), GGT 562 U/l (6-38) y fosfatasa alcalina 159 U/l (40-129). Los valores de ALT y AST fueron 84 y 120 U/l (con límite de la normalidad 18 y 22 respectivamente). La ecografía abdominal urgente no mostró alteraciones en la vía biliar. El hígado era de tamaño normal y presentaba aspecto esteatósico parcheado (hallazgos superponibles a los obtenidos en la TC previa). Se descartó la infección por virus hepatotropos (VHA, VHB, VHC, EBV, CMV y HSV) y los marcadores de autoinmunidad fueron negativos. Setenta y dos horas después del primer análisis la bilirrubina había bajado a 2,6 mg/l con esterificada 1,71. También habían disminuido los niveles de AST, ALT, GGT y fosfatasa alcalina. Dos meses después, toda la bioquímica hepática se había normalizado, con excepción de la GGT, que se situaba cercana al doble de la normalidad. El paciente seguía consumiendo la misma cantidad de alcohol.

La estrecha relación temporal entre la administración del contraste y la aparición del cuadro y la aplicación de la escala CIOMS, para la evaluación de la causalidad de un fármaco en una hepatopatía tóxica (3), nos permiten considerar este caso como probable. Por ello se ha comunicado este caso al Sistema Español de Farmacovigilancia. Es posible que la presumible alteración basal hepática de nuestro caso haya contribuido al daño provocado por la iopromida.
A diferencia de lo ocurrido con otros contrastes radiológicos como la iodipamida, con la cual hay numerosas comunicaciones de hepatotoxicidad (4,5), la iopromida parece un fármaco seguro desde el punto de vista hepático, debiendo tener tal vez en cuenta la posibilidad de efectos secundarios en pacientes con algún daño hepático previo y especial predisposición.

F. Bolado Concejo, F. Capdevila Bastons1, J. M. Zozaya Urmeneta, B. González de la Higuera y J. L. García Sanchotena2
Servicios de Aparato Digestivo, 1Farmacia y 2Radiología. Hospital de Navarra. Pamplona

