Varón de 46 años, fumador, afecto de un trastorno de dependencia al alcohol, quien tres años antes había presentado una pancreatitis aguda de etiología alcohólica. Acudió al servicio de urgencias por vómitos en poso de café y melenas, sin dolor abdominal. El paciente tenía una presión arterial de 90/60, y estaba afebril. La exploración cardiorrespiratoria reveló una frecuencia cardiaca a 120 lpm, sin otras alteraciones. El abdomen era depresible, no doloroso, y se palpaba una esplenomegalia de cuatro traveses de dedo. No había hepatomegalia ni adenopatías periféricas. Una analítica objetivó los siguientes hallazgos: hemoglobina 10 g/dL, VCM 85 fL, leucocitos 4,4 x109/L, plaquetas 64 x109/L. La coagulación y la bioquímica hepática y renal no mostraron anomalías. El electrocardiograma puso de manifiesto una taquicardia sinusal a 120 lpm, sin otras alteraciones. Las radiografías de tórax y de abdomen fueron normales. Se practicó una fibrogastroscopia, que reveló la presencia de un área congestiva en cuerpo gástrico y antro. Una ecografía abdominal mostró una esplenomegalia de 18 centímetros, lo cual se confirmó mediante una tomografía computarizada (TC) abdominal. Además, en la TC destacaba la existencia de una masa heterogénea en retroperitoneo que englobaba la cabeza y el cuerpo del páncreas, y que condicionaba una trombosis de la vena esplénica. Se practicó una punción-aspiración con aguja fina (PAAF) guiada por TC de dicha masa para descartar un posible adenocarcinoma. En el análisis anatomopatológico de este material no se observaron células atípicas. A las 48 horas de la punción, el paciente presentó dolor abdominal sordo localizado en epigastrio, junto con náuseas y vómitos. En la analítica destacaba una amilasa sérica de 312 UI/L (normal < 53 UI/L). El hemograma no mostró cambios y el resto de los análisis bioquímicos, incluyendo las transaminasas, fueron normales. Se repitió la TC abdominal, que no mostró grandes variaciones, excepto la formación de una lesión bien delimitada en cola pancreática de 5 x 2 cm de diámetro compatible con un pseudoquiste pancreático. Se instauró tratamiento con dieta absoluta y sueroterapia. Al cabo de unos días se realizó una resonancia magnética (RM) abdominal para definir mejor las características de la lesión pancreática. La glándula pancreática presentaba un conducto de Wirsung dilatado y alteraciones sugestivas de pancreatitis crónica. Además, se confirmaba la presencia de un pseudoquiste en cola de páncreas y se visualizaba otra lesión quística en lóbulo hepático izquierdo de 6 x 6,5 cm de diámetro. Ante estos hallazgos, se interpretó que la masa detectada en la TC previa correspondía a un páncreas edematoso con exudados peripancreáticos, que había evolucionado hacia la formación de sendos pseudoquistes peripancreático e intrahepático. Todo ello era compatible con una pancreatitis crónica alcohólica agudizada. En ese momento se inició nutrición enteral mediante sonda nasoyeyunal. A los 14 días se repitió una TC abdominal, que objetivó la casi resolución del pseudoquiste hepático y la desaparición del pseudoquiste en cola pancreática. Se suspendió la nutrición enteral, se administró dieta oral, que fue bien tolerada, y el paciente fue dado de alta asintomático.
