Paciente de 25 años, sin antecedentes mórbidos. Consultó por una baja de peso no cuantificada de cuatro meses de evolución. Un mes antes del ingreso comenzó con odinofagia y disfagia confirmándose una candidiasis orofaríngea y esofágica por endoscopia. No recibió tratamiento específico y se procedió a investigar una posible infección por VIH, la que posteriormente se confirmó. Al examen físico destacaba un enflaquecimiento marcado y lesiones compatibles con candidiasis orofaríngea. Se encontraba afebril, eupneico, con examen pulmonar y radiografía de tórax normal.
Inició profilaxis con cotrimoxazol 960 mg al día, ácido folínico 15 mg al día, fluconazol 150 mg al día y terapia anti-retroviral (TAR) con abacavir/lamivudina y efavirenz, con muy buena tolerancia y adherencia. Dos semanas más tarde consultó por tres días de fiebre hasta 39°C, cefalea y tos seca. Se decidió su internación por fiebre de 39°C, taquicardia y saturación de oxígeno de 93% con aire ambiental. En el examen físico no había evidencia de candidiasis oral y el examen pulmonar en esos momentos era normal. La radiografía de tórax mostró un infiltrado algodonoso difuso bilateral. Los cultivos de expectoración, urocultivo, hemocultivos y baciloscopias resultaron negativos. La RPC para Pneumocystis jiroveci en una muestra de expectoración inducida fue negativa. Se ajustó el cotrimoxazol de dosis profiláctica a terapéutica por vía iv, se agregó prednisona y ceftriaxona iv, se suspendió el ácido folínico y se mantuvo la TAR iniciada recientemente.
A las 48 h, el paciente evolucionó afebril, con saturación de oxígeno adecuada y con mejoría de los parámetros inflamatorios. Se dio el alta hospitalaria al quinto día con cotrimoxazol oral y prednisona hasta completar 21 días. En el control ambulatorio estaba completamente asintomático y la radiografía mostró la desaparición del infiltrado pulmonar.
