Mujer de 43 años que acudió por pérdida progresiva de agudeza visual en el ojo izquierdo. Como antecedente destacaba el diagnóstico de estrías angioides cinco años antes. En la exploración oftalmológica se objetivó una agudeza visual lejana de unidad en el ojo derecho y de «contar dedos» a dos metros en el ojo izquierdo. La tensión ocular y la biomicroscopía estaban dentro de los parámetros normales. La oftalmoscopia bajo dilatación mostró, en ambos ojos, la existencia de lesiones lineales serpenteantes radiales al disco óptico que se extendían hacia la periferia. Además, en el ojo izquierdo, se apreciaba una lesión cicatricial de gran tamaño con áreas de movilización de pigmento y fibrosis que englobaba toda el área macular. Se realizó una angiografía fluoresceínica (AGF) con los siguientes resultados: en el ojo derecho se apreciaron unas líneas hipo e hiperfluorescentes con movilización de pigmento a nivel macular sin difusión de contraste. En el ojo izquierdo se observaron la mismas lesiones lineales acompañadas de un área hipo e hiperfluorescente a nivel macular sin difusión de contraste en tiempos tardíos siendo el diagnóstico compatible con estrías angioides bilaterales y además, en el ojo izquierdo, complicadas con una membrana neovascular subretiniana no susceptible de tratamiento. Se aconsejó el seguimiento clínico periódico.

Dos meses después la paciente acudió refiriendo empeoramiento de la agudeza visual, esta vez, en el ojo derecho. La exploración oftalmológica reveló una agudeza visual de unidad con dificultad en el ojo derecho y de «contar dedos» a dos metros en el ojo izquierdo. Funduscópicamente, en el ojo derecho, se apreció una pequeña hemorragia y movilización de pigmento en polo posterior con estrías anaranjadas, ya presentes en exploraciones previas. Se realizó una nueva AGF del ojo derecho que puso de manifiesto una hiperfluorescencia a nivel macular desde tiempos iniciales rodeada de un halo hipofluorescente con aumento de la fluorescencia hacia tiempos tardíos y mínima difusión, no existente en AGF previas, compatible con una membrana neovascular subfoveal. Se estableció, por tanto, un nuevo diagnóstico, estrías angioides complicadas con membrana neovascular subfoveal en ojo derecho. Se le planteó el tratamiento con TFD y tras la primera sesión se produjo la reabsorción parcial de la hemorragia con mantenimiento de la pigmentación central. Dichos hallazgos se confirmaron con la AGF que reveló una ligera difusión de contraste en tiempos tardíos. Por ello, a pesar de la recuperación visual, se decidió aplicar dos sesiones más de TFD. En la última revisión la agudeza visual se mantenía en la unidad y angiográficamente se observaba una lesión hipo e hiperfluorescente compatible con una lesión cicatricial en el área macular. En tiempos angiográficos medios aparecía un aumento de la hiperfluorescencia que se mantenía en tiempos tardíos, pero sin difusión de contraste.

