Varón de 62 años que presenta como único antecedente personal, una lumbalgia crónica, que trata habitualmente con naproxeno. Acude a consulta por diarrea acuosa sin fiebre, acompañada de sensación de tenesmo rectal, de casi dos meses de evolución. Exploración física: sin ningún hallazgo significativo. Hematimetría, coagulación y bioquímica con ionograma bilirrubina y fosfatasa alcalina con cifras dentro de los valores de normalidad. PCR: 0,95 mg/dl, VSG: 60 en al 1ª hora. TSH y hormonas tiroideas: con cifras normales. Niveles de ácido 5-hidroxindol-acético (5HIAA) en orina de 24 horas: 2 mg/24 horas (dentro de la normalidad). Niveles plasmáticos de péptido intestinal vasoactivo (VIP): 1 pg/ml. Anticuerpos antigliadina y antiendomisio negativos. Leucocitos en heces: negativos. Coprocultivos seriados e investigación de Cl difficile, de parásitos y de huevos de estos en heces: negativos. Tránsito esófagogastroduodenal. (TEGD) y ecografía abdominal: sin alteraciones. Colonoscopia e ileoscopia: aspecto macroscópico de la mucosa normal sin otras alteraciones. Se toman 6 biopsias en colon, sigma y recto. En todas ellas se observan abundantes engrosamientos subepiteliales de colágeno de al menos 100 µ micras, además de un abundante infiltrado inflamatorio en el que predominan las células mononucleares.

En el primer caso, el patólogo nos sugiere el diagnostico de una colitis linfocítica, y en el segundo de una colitis colágena. En ambos casos, dada la escasa respuesta a loperamida y restricción de AINE, se prescribe tratamiento con dieta baja en residuos y mesalazina a dosis de 2.400 mg/ día durante ocho semanas, tras las cuales desaparece la diarrea secretora, permaneciendo ambos pacientes asintomáticos a los ocho meses y un año respectivamente de finalizar el tratamiento. En ambos casos se propuso una nueva exploración endoscópica con el objetivo de comprobar la remisión histológica de la enfermedad, pero los pacientes rechazaron dicha posibilidad.
