Varón de 58 años, con un gran hematoma intraparenquimatoso en ganglios basales abierto a ventrículos con desplazamiento de línea media, anisocoria, pupilas arreactivas, reflejo corneal izquierdo ausente y derecho leve, ausencia de reflejos oculocefálicos y tusígeno conservado. Fue descartada la intervención por el neurocirujano por la localización y extensión de la hemorragia.
Tras informar a la familia del mal pronóstico, esta planteó de forma voluntaria la donación. Como en el caso anterior se le pidió que esperase a la muerte encefálica, lo que aceptó.
Al séptimo día la exploración neurológica era similar y la familia expresó su deseo de no continuar con medidas de soporte vital, aceptando la donación tras la LTSV.
Se extubó en quirófano, la asistolia tuvo lugar a los 14 minutos procediéndose como en el caso anterior. El TIC fue de 21 minutos. Por las mismas razones que en el primer caso solo se explantaron ambos riñones.
Se ha comentado que la donación tras la muerte encefálica (DME) puede verse afectada negativamente cuando se fomenta la DMC. En los 2 casos presentados la muerte encefálica no se produjo a pesar de que se esperó 5 y 7 días respectivamente. Si no hubiese existido el programa de donación en asistolia controlada ambos donantes se hubiesen perdido tras la petición familiar de no continuar con el soporte vital.
La mayoría de los protocolos son favorables a la perfusión fría a través de catéteres femorales colocados premortem, reduciendo el TIC y favoreciendo la donación hepática que exige TIC más cortos. No obstante, la laparotomía rápida puede ser una opción razonable especialmente en la donación renal y pulmonar. En los 2 casos los TIC fueron cortos, de 23 y 21min respectivamente y dentro del tiempo admitido para la donación renal.
Se ha descrito una mayor incidencia de retraso en la función del injerto renal con riñones procedentes de DMC a pesar de que en la evolución a largo plazo no se han encontrado diferencias8. Los 4 receptores renales se trasplantaron en el mismo hospital de donación presentando todos un retraso en la función del injerto, con necesidad de hemodiálisis postrasplante en 3, pero con evolución posterior favorable en todos.
Se puede concluir que la DMC es una buena alternativa en aquellos casos que no evolucionan a muerte encefálica. Esta no se vio negativamente afectada puesto que ambos casos no evolucionaron a muerte encefálica y se hubiesen perdido de no existir el protocolo de donación en asistolia controlada. En estos protocolos se debe incluir la cirugía rápida como una buena alternativa para casos seleccionados.

J.J. Rubio, I. Fernández, A. Ortega, I. Lipperheide, M. Pérez y R. Siljeström Servicio de Medicina Intensiva, Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda, Madrid, España

