Niña de 7 años de edad, sin antecedentes médico-quirúrgicos de interés salvo varios episodios de cistitis aguda (al nacimiento, al año de vida y el último hace 6 meses), que acude al Servicio de Urgencias por dolor abdominal, hematuria macroscópica, febrícula y síndrome miccional irritativo con disuria, polaquiuria y tenesmo vesical de 3 días de evolución, sin mejoría clínica pese al tratamiento antibiótico con Amoxicilina-Clavulánico.
A la exploración física presenta buen estado general y temperatura axilar de 37.2º C. En la palpación abdominal no se detectan masas ni organomegalias, apreciando leves molestias en la zona periumbilical.
Los datos analíticos sanguíneos son normales salvo leucocitosis de 13.900 cel/mcl con neutrofilia del 83 %, PCR de 51 mg/l y velocidad de sedimentación globular de 39 mm/h. El sedimento de orina muestra hematuria microscópica, siendo normales el resto de sus parámetros. El urinocultivo que se realiza es negativo.
Se practica una ecografía abdominal que evidencia una lesión quística anfractuosa de 4,3x2 cm, localizada en la pared anterior del abdomen llegando hasta cúpula vesical, con contenido ecogénico en su interior y paredes con vascularización aumentada, sugestiva de quiste de uraco complicado.

Con la sospecha diagnóstica de quiste de uraco infectado iniciamos tratamiento antibiótico con Fosfomicina, objetivándose mejoría clínica evidente a las pocas horas.
En el seguimiento de la paciente se realiza ecografía abdominal de control, que muestra una masa sólida e irregular, situada encima de la cúpula vesical, de tamaño 1,8x1,2 cm y en relación con resto del uraco persistente. De igual forma, realizamos uretrocistografía donde no se aprecia comunicación con la vejiga, ni detectamos la existencia de reflujo vesicoureteral. Confirmado el diagnóstico de quiste de uraco, programamos la extirpación quirúrgica del mismo. Tras dos semanas con tratamiento antibiótico realizamos laparotomía media infraumbilical-extraperitoneal, procediendo a la exéresis completa del uraco, incluyendo el quiste uracal y un rodete vesical. No hubo complicaciones intraoperatorias y la evolución posterior fue satisfactoria. Actualmente la paciente se encuentra asintomática y en la cistografía practicada al mes de la intervención la vejiga presenta una morfología normal.

