Paciente de sexo masculino de 19 años de edad, con antecedentes de una fístula perianal tratada con antibióticos, consulta por cuadro digestivo de 5 meses de evolución caracterizado por dolor abdominal difuso tipo cólico y deposiciones de consistencia variable, explosivas, sin sangre. En exámenes de laboratorio destaca hemoglobina (Hb) 11,3, velocidad horaria de sedimentación (VHS) 33 mm/h y proteína C reactiva (PCR) 4,16 mg/L (valor normal < 1). Se decide realizar estudio colonoscópico que reveló úlceras en íleon con biopsias compatibles con el diagnóstico de EC, iniciándose budesonida por 3 meses y azatioprina (AZA)125 mg/día (2 mg/Kg). Tras 6 meses de uso de AZA, el paciente persistió con anemia, PCR 35 mg/L (valor normal < 10) y calprotectina fecal elevada (semi cuantitativa > 200 ug/g) iniciándose tratamiento con adalimumab. Luego de 15 meses de tratamiento con terapia biológica consulta por cuadro de 10 días de evolución caracterizado por dolor hipogástrico, distensión abdominal y dolor pre y post miccional. Dentro de los exámenes de laboratorio destaca VHS y PCR levemente elevadas (28 mm/h y 37 mg/L (valor normal < 10) respectivamente). Inicialmente recibió tratamiento sintomático, pero dado persistencia de sus síntomas se solicitó una resonancia magnética (RM) de abdomen-pelvis que mostró compromiso multifocal del íleon terminal asociado a pequeñas linfoadenopatías ileocólicas y una compleja masa hipogástrica de aspecto quístico, multilocular, de septos gruesos que realza post contraste. Se consideró un MMPB dentro del diagnóstico diferencial y el paciente fue sometido a cirugía. Durante el procedimiento, una vez expuesta la cavidad peritoneal, se observaron numerosos quistes de paredes delgadas y contenido citrino, intensamente adheridos al peritoneo pélvico, vejiga y colon sigmoides. Uno de los quistes fue resecado y enviado a biopsia rápida, informándose como mesotelioma benigno. Macroscópicamente el apéndice y el colon derecho no presentaban alteraciones, mientras que el mesenterio adyacente a los últimos 40 cm del íleon terminal se observaba engrosado. Se decidió realizar una colonoscopia intraoperatoria la cual mostró úlceras en los últimos 30 cm de íleon y una estenosis franqueable a este nivel. La lesión quística fue cuidadosamente resecada de forma completa, se liberó el mesenterio del íleon terminal y se realizó una resección ileocólica con anastomosis latero-lateral y sutura manual. La biopsia diferida informó un quiste de inclusión peritoneal multilocular benigno con metaplasia escamosa y expresión de calretinina y citoqueratina. El íleon terminal, colon ascendente y apéndice mostraron ileitis crónica activa ulcerada, con microabscesos crípticos y reacción transmural granulomatosa, consistente con EC activa y mucosa colónica con inflamación crónica inespecífica.
El postoperatorio inmediato se caracterizó por la presencia de íleo adinámico el cual se resolvió a los dos días, siendo el paciente dado de alta sin otras complicaciones. Se indicó mantener terapia biológica, sin embargo, el paciente abandonó el seguimiento y reconsultó a los seis meses por dolor abdominal, diarrea y dolor perianal. Durante este período de tiempo el paciente no continuó la terapia sugerida y sólo se mantuvo con AZA en dosis subterapéuticas (50 mg/día). Se solicitó una RM de pelvis que mostró un absceso y fistula perianal compleja decidiéndose su hospitalización para drenaje e instalación de sedal, iniciando posteriormente terapia con AZA 2 mg/kg/día e infliximab 5 mg/kg en esquema de inducción (0,2 y 6 semanas) y luego cada 8 semanas (esquema de mantención).

