La CID se asocia a infecciones severas, tumores, falla hepática, enfermedades inmunológicas, traumatismos con gran daño tisular, alteraciones vasculares y patologías obstétricas20,21. Las manifestaciones clínicas más frecuentes son hemorragias de piel y mucosas, con púrpura y petequias, bulas hemorrágicas y hematomas subcutáneos. En los exámenes destacan prolongación del TP y TTPA, fibrinógeno disminuido, aumento del dímero D, trombocitopenia y fragmentación de glóbulos rojos. El tratamiento es el de la enfermedad de base, además de apoyo circulatorio, ventilación y hemodiálisis22. Si el paciente presenta sangrado, deben indicarse transfusión de plaquetas, plasma fresco congelado o crioprecipitados. En pacientes con trombosis como manifestación principal, se debe iniciar de inmediato terapia con heparina endovenosa20.
