Paciente chileno, masculino, de 59 años, que de viaje en el Cuzco, Perú, inicia súbitamente un cuadro de disnea en reposo al que se agrega dolor abdominal epigástrico intenso, sensación de distensión abdominal y compromiso del estado general. Se diagnostica mal de altura agudo, recibiendo furosemida, acetazolamida, dexametasona, ranitidina y ceftriaxona.
En Chile, 6 días después consultó por persistir con idéntica sintomatología y fue derivado al Servicio de Urgencia del Hospital Clínico Universidad de Chile por sospecha de tromboembolismo pulmonar. Ingresó afebril, disneico, con tope inspiratorio y distensión abdominal. Tenía antecedentes de síndrome de apnea-hipopnea del sueño, trastorno bipolar manejado con ácido valproico, rinitis alérgica, várices en miembros inferiores, apendicectomizado, tabáquico de 10 paquetes-año, bebedor de 2 copas de vino diarias por 30 años.
Signos vitales: Pulso 81, ventilación 18 por minuto, presión arterial 102-67 mmHg, temperatura axilar 36°C. Al examen: en decúbito dorsal, consciente, hidratado, bien perfundido, piel blanca, pálida. Destacaba abdomen doloroso en hipocondrio izquierdo, con bazo aumentado de tamaño, várices en extremidades inferiores. El resto del examen era normal.
Exámenes de laboratorio: hemograma con hematocrito 27,1%, hemoglobina 8,7 g/dl, VCM y CHCM normales, leucocitos 10.100/uL, VHS 28 mm/hr, tiempo de protrombina y TTPK normales. Dímero D 4.683 ng/ml (normal < 500), LDH en sangre 1.247 (rango: 313-618), proBNP, CK, CK-MB y troponinas normales. Angio-TAC pulmonar descartó tromboembolismo y demostró un hematoma periesplénico, subcapsular de 17 cm, El paciente fue ingresado a cuidados intermedios con diagnóstico probable de infarto esplénico con transformación hemorrágica.

Hemogramas seriados no mostraron cambios, se realizó ecocardiografía que resultó normal y una tomografía de control que reveló crecimiento del hematoma esplénico a 19 cm de diámetro. Ante estabilidad clínica fue trasladado a sala en cirugía.
La clínica y el laboratorio no sugerían etiologías infecciosas de su hematoma esplénico, y no había elementos sospechosos de síndromes mieloproliferativos, linfoproliferativos u otra neoplasia en los estudios de tomografía y bioquímicos. Hemogramas previos a este evento eran normales. Ante el cuadro de síndrome esplénico, pese a ser una causa rara, fue estudiado para un posible rasgo falciforme con una prueba de inducción de drepanocitos con metabisulfito de sodio al 2%, que fue positiva. Dada la evolución intrahospitalaria favorable, acompañado de laboratorio general y estudios radiológicos sin progresión, se decidió no intervenir quirúrgicamente y el paciente fue dado de alta.

En control ambulatorio por hematología se solicitó electroforesis de hemoglobina en medio alcalino que reveló hemoglobina normal A 54,8% y 41,8% de fracción 3, compatible con hemoglobina S y se diagnosticó rasgo falciforme.
