Niño de cuatro años, sin antecedentes de interés, que consulta por dolor abdominal periumbilical e hipogástrico de cuatro días de evolución, de tipo continuo que mejora con analgesia y que le ha llegado a despertar por la noche. En las 24 horas previas inicia un cuadro febril con temperatura máxima de 39,8 °C, coincidente con disuria en todas las micciones, sin que se apreciara hematuria macroscópica, ni tampoco otros síntomas respiratorios ni digestivos.
En la exploración física solo llama la atención el dolor abdominal hipogástrico en la línea media y la fosa iliaca izquierda, con unos genitales externos normales y sin signos inflamatorios en el meato uretral.
Se realiza una tira reactiva de orina que es normal y, ante la sospecha de un cuadro infeccioso intraabdominal, se realiza una ecografía abdominal en el centro de salud en la que se aprecia en la región umbilical, inmediatamente por debajo de la pared abdominal y en dudosa comunicación con la vejiga, una imagen tubular lobulada de unos 5x2 cm, heterogénea, con flujo Doppler periférico y áreas hiperecogénicas puntiformes compatibles con calcificaciones.

Con estos datos clínicos y ecográficos, se sospecha que podría tratarse de un quiste de uraco complicado, por lo que se deriva a Urgencias del hospital de referencia, donde se realiza una analítica, en la que destaca un hemograma con leucocitosis de 16 860/mm3, neutrofilia del 80%, trombocitosis de 473 000/mm3 y proteína C reactiva de 56,8 mg/l, se realizan también una ecografía y una tomografía computarizada (TC) que confirman la sospecha diagnóstica.
Se ingresa al paciente para antibioterapia intravenosa y se realiza drenaje bajo control ecográfico, del que se obtiene un material denso, purulento y hemorrágico, de cuyo cultivo se aísla Morganella morganii, ajustándose el tratamiento antibiótico según antibiograma. En un segundo tiempo, se realiza la cirugía que permite la resección de la estructura anómala.

