Niño de tres años cuyos padres consultaron en la revisión del centro de salud porque presentaba a diario un sueño muy inquieto con ronquido continuo, respiración bucal, sudoración profusa y frecuentes despertares nocturnos. Sus ronquidos eran muy ruidosos, no se modificaban al cambiar de postura y se acentuaban con los cuadros catarrales. Los padres dudaban de que pudiera tener apneas y negaban la presencia de cianosis. Durante el día el niño se mostraba cansado, se quejaba de cefalea matutina de forma habitual y tenía poco apetito. Durante el periodo escolar había padecido infecciones respiratorias de forma repetida. En el colegio, la maestra les había comentado que no prestaba atención y jugaba con poco entusiasmo y energía.
La forma de dormir del niño afectaba a la calidad de vida de los padres, que no lograban conseguir un sueño reparador debido a las continuas interrupciones y se mostraban preocupados y rendidos.
En la exploración física se detectó un estancamiento importante y progresivo de la curva ponderoestatural desde los 18 meses. Presentaba facies adenoidea con hipertofia amigdalar grado IV/IV y respiración oral. La tensión arterial era normal.

Se practicó un estudio polisomnográfico nocturno en la Unidad del Sueño que confirmó el diagnóstico de sospecha de SAOS infantil con predominio obstructivo. Los datos registrados pusieron de manifiesto la existencia de un sueño anómalo, fragmentado y con dificultad para su mantenimiento por eventos respiratorios obstructivos en número patológico.
Se realizó tratamiento quirúrgico consistente en adenoidectomía y radiofrecuencia inducida amigdalar. El niño mejoró, presentando remisión de los síntomas nocturnos y diurnos de forma inmediata. En los siguientes seis meses recuperó un crecimiento y ganancia ponderal adecuados y se vio libre de los procesos respiratorios de repetición que venía padeciendo con anterioridad. La familia manifestó estar muy contenta con la evolución del niño y, lo que también es importante, todos habían vuelto a dormir bien.

