Presentamos el caso de un varón de 12 años, español, aquejado de dolor cólico abdominal y flatulencia de un mes de evolución, acompañado de diarrea intermitente que le interfiere en la asistencia al colegio, tanto por el dolor como por la urgencia defecatoria. Entre los antecedentes destaca la presencia de onicofagia. Se enviaron tres muestras de heces para la búsqueda de parásitos al laboratorio de un hospital de la ciudad con resultado negativo. Un mes después, y ante la persistencia de los síntomas, así como por la pérdida de peso de aproximadamente 4 kg, se analizaron otras tres muestras en el laboratorio de otro hospital, hallándose, en este caso, quistes de Giardia lamblia. Se realizó tratamiento con metronidazol a dosis de 500 mg cada 8 horas durante una semana, mejorando discretamente el dolor abdominal y la diarrea pero persistiendo tras la ingesta de leche. Se retiró la lactosa de la dieta y se intentó la introducción al mes sin éxito, por lo que se retiró otro mes más.
En las siguientes semanas el paciente siguió con molestias en abdomen y deposiciones blandas por lo que se resistía a ir al colegio. En un principio se atribuyó como culpable de esto a condicionantes psicológicos. Pero tras persistir los síntomas y debido al estancamiento ponderal, se realizó de nuevo estudio coproparasitario, siendo otra vez positivo para G. lamblia. La hematimetría, bioquímica y parámetros de metabolismo del hierro fueron normales. Se prescribió otro ciclo de tratamiento con metronidazol a las mismas dosis. A partir de este momento desaparece la sintomatología digestiva y se produce una recuperación del peso. Los estudios coproparasitarios posteriores han sido negativos.

