Varón de 76 años, agricultor, con antecedentes de hipertensión arterial, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, fibrilación auricular y accidente cerebrovascular hace dos años, que consulta en el Servicio de Urgencias por presentar desde hace 3 días una tumoración inguinal derecha dolorosa. No refiere otras manifestaciones clínicas acompañantes.
En la exploración física el paciente presenta buen estado general con adecuada coloración e hidratación. La exploración de los aparatos respiratorio y cardiocirculatorio son normales y en el abdomen se aprecia una tumoración en la región inguinal derecha, dura, dolorosa e irreductible a la palpación.
Los datos de laboratorio muestran 10.600 leucocitos sin desviación izquierda y un 6% de eosinófilos. La radiografía simple de tórax y de abdomen (que no incluye toda la pelvis) no muestran anomalías.
Con la presunción diagnóstica de hernia inguinal derecha complicada, se interviene al paciente hallando durante el acto quirúrgico una tumoración quística de 4 por 4 cm de diámetro que infiltra la rama superior derecha del pubis y que al romperse de manera accidental contiene vesículas hidatídicas que se aspiran. Se realiza quistectomía parcial y lavado con suero hipertónico.
En el estudio anatomopatológico se evidencia la pared del quiste con fibrosis revestida en su parte interna por histiocitos y abundantes células gigantes multinucleadas y en su interior restos celulares, membranas hialinas acelulares y ganchos birrefringentes de escólex, lo que confirma la sospecha intraoperatoria de quiste hidatídico.
El postoperatorio transcurre sin incidencias y se realiza, durante el mismo, el estudio serológico con hemoaglutinación indirecta apreciándose títulos de 1/160, una radiografía de pelvis en la que se halla una lesión lítica en la rama púbica superior derecha de aspecto multiloculado y expansiva que rompe la cortical y en la TC abdominal con contraste yodado endovenosos y oral se descarta la presencia de hidatidosis hepática y se objetiva la rama púbica superior derecha desestructurada con una lesión lítica que rompe la cortical anterior y un aumento de partes blandas adyacentes.

En el momento del alta el paciente esta asintomático y se inicia tratamiento oral con albendazol 800 mg/día, administrando ciclos de 28 días de tratamiento seguidos de 14 días de descanso hasta completar 3 ciclos.
En los controles posteriores el paciente presenta una limitación dolorosa a la movilización de la cadera en sus ejes máximos que no le impide la realización de una vida autónoma y que controla con analgésicos. En la radiografía de pelvis se aprecian múltiples lesiones quísticas de carácter infiltrativo que no respetan la cortical ósea en las ramas ilio e isquio pubianas de la hemipelvis derecha y la afectación del cotilo con incongruencia pero con espacio articular conservado. Se opta por tratamiento conservador y seguimiento periódico en consulta.
A los diez meses del diagnóstico, el paciente presenta un deterioro progresivo de sus capacidades cognitivas y de su relación con el medio, y tras sufrir una caída, ingresa en el hospital con dolor e impotencia a la deambulación.
En la radiografía de pelvis se aprecia una fractura de ramas pélvicas con afectación articular en la hemipelvis derecha sobre la zona de afectación de la hidatidosis, sin desplazamiento de los fragmentos.
El realizar una sustitución articular por una prótesis total con una infección activa estaría contraindicada por el riesgo de diseminación de la parasitosis y la exéresis en bloque de la lesión e implante de una prótesis a medida con reconstrucción del acetábulo podría ser tenida en cuenta pero dado el deterioro cognitivo del paciente se opta por tratamiento conservador mediante deambulación de descarga y analgesia.

