Se trata de una mujer de 38 años, embarazada de siete meses, que desapareció de su lugar de residencia (una población rural de Panamá Oeste) en el mes de septiembre. Cuatro días más tarde fue hallada muerta en un lugar abierto a 50 minutos aproximadamente de donde desapareció.
En el levantamiento del cadáver se observó el cuerpo situado en un campo abierto con abundante vegetación (herbazal) en posición decúbito prono con la cabeza cubierta totalmente por una bolsa de plástico. En la cavidad oral se le observó un cuerpo extraño ("toallita") introducido completamente en la glotis. El cuerpo se hallaba en la fase enfisematosa de la putrefacción con abundantes larvas en orificios naturales y se estableció la data de muerte entre 4-5 días lo que indicaba que la muerte se había producido poco tiempo después de su desaparición.

La mujer se encontraba parcialmente vestida, de manera que su pantalón y ropa interior estaban íntegros. Tras desnudar el cadáver se observó una coloración parduzca de prácticamente toda la superficie corporal, áreas cutáneas apergaminadas y distensión abdominal con dibujo de la red venosa superficial ('marmorización cadavérica').

La autopsia no mostró signos de manipulación obstétrica a nivel genital. El neonato inmaduro se encontraba en la ropa interior de la madre unido al cordón umbilical de 50 cms de longitud y no mostraba signos de haber nacido vivo. La placenta no había sido expulsada, permaneciendo dentro de la cavidad uterina.

Se trataba de un producto completo, cuyo sexo no era posible determinar, debido a la descomposición avanzada, con una talla céfalo podálica de 35 cm lo que permitía establecer una gestación de 7 meses lunares (28 semanas).

La investigación médico-legal concluyó que se trataba de una muerte violenta de etiología homicida en una mujer embarazada de siete meses, siendo el mecanismo una sofocación por oclusión de orificios y vías respiratorias. La víctima fue abandonada en el campo, se iniciaron los fenómenos de la putrefacción y al ser encontrada a los cuatro días de la muerte se hallaba en la fase enfisematosa. Con posterioridad al fallecimiento, por el efecto de los gases de la putrefacción, se produjo la expulsión del feto que fue hallado fuera de la cavidad uterina (expulsión fetal postmortem).

