Presentamos el caso de una mujer de 35 años sin hábitos tóxicos ni antecedentes familiares de interés con diagnóstico de CEP en 2010. Tras el diagnóstico se estudió la existencia de asociación con CU mediante endoscopia digestiva baja completa sin que se objetivaran alteraciones macroscópicas ni histológicas. En 2013 fue sometida a trasplante hepático cadavérico por insuficiencia hepatocelular y colangitis de repetición. No presentó complicaciones inmediatas postrasplante, con buena función del injerto y régimen de inmunosupresión basado en tacrolimus de liberación prolongada. Nueve meses después del trasplante, la paciente debutó con cuadro de diarrea sanguinolenta, con diagnóstico de CU de localización extensa y con actividad clínica y endoscópica moderada. Desde los primeros meses de diagnóstico de la CU, la paciente cumplió criterios de corticodependencia. Ante la presencia de discreta leucopenia, no se optó por azatioprina y se decidió tratamiento biológico anti-TNFα con golimumab subcutáneo (dosis de inducción habitual 200 mg sc inicialmente, 100 mg a las dos semanas) y 50 mg mensualmente de mantenimiento (peso de la paciente 61 kg). La respuesta a golimumab fue solo parcial, precisando de intensificación a 100 mg mensuales desde el segundo mes de tratamiento y no consiguiendo suspender los esteroides orales, por lo que a los cuatro meses de tratamiento con golimumab se cambia a un agente anti-TNF intravenoso: infliximab (IFX). Tras iniciar IFX a dosis de inducción convencionales (5 mg/kg intravenoso [iv], semanas 0, 2 y 6), no se alcanzó respuesta clínica ni suspensión de esteroides a los seis meses de tratamiento, pese a la intensificación precoz (5 mg/kg iv cada cuatro semanas) a partir de la quinta infusión. La monitorización de niveles de IFX en sangre demostró que estaban en rango terapéutico. Ello, junto a la ausencia de anticuerpos anti-infliximab y de infección entérica concomitante o sobreinfección por citomegalovirus (CMV), hizo cambiar de diana terapéutica. En diciembre de 2016 (35 meses después del trasplante), se decide iniciar tratamiento con vedolizumab (VDZ), según pauta de inducción habitual (300 mg iv en semanas 0, 2 y 6), y mantenimiento con 300 mg VDZ iv cada ocho semanas. Justo antes del inicio de VDZ, la paciente presentaba un índice de Mayo total de 7. Tras la segunda infusión se asistió a un respuesta clínica con normalización del hábito deposicional pero manteniendo parámetros de actividad biológica elevados (calprotectina fecal 805 mcg/g y proteína C reactiva [PCR] 8 mg/l). A los tres meses de tratamiento se logró suspender los esteroides, y un mes después de su retirada fue precisa una intensificación del tratamiento con VDZ, acortando el intervalo de infusiones a cuatro semanas. Al año de tratamiento su puntuación de Mayo total fue de 4 (subpuntuación endoscópica 1), la calprotectina descendió a 270 mcg/g y los niveles de PCR se normalizaron. Los niveles de tacrolimus permanecieron estables, dentro del rango pretendido (5-10 ng/ml) y sin requerir ajustes de dosis. La bioquímica hepática se ha mantenido estable durante todo este periodo. No se han registrado hasta la fecha efectos adversos infecciosos ni interacciones farmacológicas.
