Varón de 31 años de edad diagnosticado de hipersensibilidad a proteínas de la leche de vaca en la infancia con tolerancia posterior, rinitis estacional y asma leve intermitente por alergia a polen de gramíneas y al epitelio de gato, por la que había recibido inmunoterapia específica con buena respuesta clínica. Refiere que, en los últimos 4 años y coincidiendo con la toma de quesos curados de oveja y cabra, presenta disfagia alta que cede espontáneamente sin medidas especiales. En enero de 2005 y tras la toma de un comprimido de 400 mg de ibuprofeno, presentó un cuadro agudo de disfagia con clara dificultad para la deglución, incluso, de saliva. Horas después y ante la persistencia del cuadro clínico, acudió al Servicio de Urgencias del Hospital Xeral-Calde, en Lugo, en donde se pudo comprobar la presencia del comprimido impactado a 30 cm de la arcada dentaria. La endoscopia resultó ser especialmente difícil por la estrechez del esófago a ese nivel, siendo preciso el empleo de un endoscopio ultrafino. El edema de la pared del esófago fue tan marcado que se precisó de la fragmentación del comprimido para su posterior extracción. En ese momento, se tomaron muestras para biopsia en varios puntos del esófago en las que se demostró la presencia del infiltrado eosinofílico. El paciente fue remitido al Servicio de Alergia en el Complejo Hospitalario Universitario de Santiago en donde se instauró tratamiento con fluticasona deglutida a dosis de 500 mg cada 12 horas. Se mantuvo el tratamiento durante 3 meses y se recomendó la abstención de consumo de quesos y productos derivados de leche de cabra y oveja en tanto no se realizase el estudio alergológico. El control endoscópico con sus correspondientes biopsias tomadas 4 meses después no evidenció lesión alguna.

Se realizaron pruebas cutáneas en prick frente a los aeroalérgenos ambientales habituales, incluyendo Dermatophagoides pteronyssinus, Lepidoglyphus destructor, Tyrophagus putrescentiae, Euroglyphus maynei, Lolium perenne, Betula alba, Plantago lanceolata, Parietaria judaica, Blatella germanica, Alternaria alternata, Aspergillus fumigatus, Penicillium notatum, Cladosporium herbarum, látex y epitelios de perro, gato, hámster y vaca, con resultado positivo frente a los pólenes de gramíneas (Lolium perenne) y de Plantago lanceolata, así como a epitelio de gato. Las pruebas cutáneas frente a los extractos comerciales de alimentos, incluyendo almeja, calamar, gamba, mejillón, ostra, leche de vaca, caseína, huevo, trigo, arroz, maíz, lenteja, soja, cacahuete, merluza, sardina, kiwi, nuez y avellana fueron negativas al igual que las pruebas frente a extracto comercial de Anisakis simplex y látex. El paciente aportó unas muestras de queso y yogures de cabra y de oveja con los que se realizó una prueba de prick-prick. La prueba de prick-prick consiste en la realización de una prueba de prick clásica, utilizando una lanceta con la que se hace penetrar el alérgeno en las capas superficiales de la epidermis en la cara anterior del antebrazo, después de haber puncionado el alimento con dicha lanceta. Con este método, se obtuvo una respuesta positiva frente al queso de cabra (4 x 4 mm), queso de oveja (4 x 4 mm), yogur de cabra (9 x 9 mm) y yogur de oveja (10 x 4 mm). El control positivo con histamina produjo una pápula de 3 x 3 mm, considerando positivas aquellas pruebas con un tamaño de pápula igual o superior al obtenido con el control de histamina. Se realizaron pruebas epicutáneas con los quesos de cabra y de oveja para comprobar la posible implicación de mecanismos de hipersensibilidad celular retardada. Para ello se procedió a colocar sendos parches con los citados quesos, permaneciendo ocluidos durante 48 horas pero su resultado fue, en este caso, negativo.
La determinación de la IgE sérica total fue de 422 kU/l (valores de normalidad por debajo de 100 kU/l) y la IgE específica frente a leche de cabra, oveja y vaca (CAP System®, Phadia, Uppsala, Suecia) fue positiva con valores de 0,59, 0,43 y 0,77 kU/l, respectivamente. Mediante la técnica de SDS-PAGE immunoblotting se observaron bandas fijadoras de IgE específica de masa molecular aparente de 85, 66 y 55 kDa en los extractos de leche de vaca y leche, yogurt y queso de oveja, cuando los extractos se enfrentaban al suero del paciente. Utilizando esta misma técnica, se pudo identificar en dicho suero IgE específicas que reconocían epítopos presentes en las proteínas lactoferrina, albúmina de suero e inmunoglobulina G bovinas; las masas moleculares de estas proteínas coinciden con las de las bandas fijadoras de IgE descritas (la cadena pesada de la inmunoglobulina G bovina tiene una masa molecular de aprox. 56 kDa).

Una vez realizado el diagnóstico y tras la evitación estricta de productos lácteos derivados de oveja y cabra, el paciente ha permanecido asintomático con un control endoscópico posterior normal.

