Varón de 53 años de edad con antecedentes de hipertensión arterial y con hábito tabáquico hasta hacía dos meses. Ingresa por presentar desde hacía tres semanas diarrea y rectorragia, con intensidad progresiva. En los últimos días refería numerosas deposiciones sanguinolentas con malestar abdominal y fiebre (38 ºC).
La exploración física mostraba un paciente con aceptable estado general, con coloración normal de piel y mucosas, auscultación cardiorrespiratoria normal. TA: 102/62. Frecuencia cardiaca: 82 s/m. Abdomen indoloro y no distendido.
En la analítica destacaba elevación de la proteína C reactiva (152,2 mg/dl), descenso de proteínas totales (4,7 g/dl) y colesterol (70 mg/dl). Los niveles de hemoglobina, número de leucocitos y la bioquímica general y hepática eran normales. Coprocultivos, parásitos en heces y serología a citomegalovirus negativos. En la radiología de abdomen se observa el colon repleto de aire, con signos de edema de pared y distorsión del patrón de haustras. En la rectosigmoidoscopia, datos de colitis ulcerosa con actividad grave. La histología era compatible con este diagnóstico, sin datos de infección por citomegalovirus.
Se instaura tratamiento con dieta absoluta, nutrición parenteral, metil-prednisolona i.v. (1 mg/kg) y antibioterapia. El paciente, tras una leve mejoría en las primeras 48-72 horas, vuelve a presentar numerosas deposiciones con incremento de la rectorragia, descenso de hemoglobina (7,5 g/dl) y hematocrito (21%), siendo transfundido, y mayor elevación de la proteína C reactiva (268 mg/dl), manteniéndose normales el número de leucocitos, la función renal y la bioquímica hepática. La radiología simple de abdomen mostraba alteraciones similares a las descritas en el momento del ingreso. Ante la falta de respuesta al tratamiento con esteroides se plantea tratamiento con infliximab (5 mg/kg). Se desestima ciclosporina por bajos niveles de colesterol y dificultad en controlar sus niveles séricos. La radiología de tórax no mostraba alteraciones y la intradermo-reacción de Mantoux era negativa. La radiología de abdomen, el mismo día de iniciarse el tratamiento con infliximab, mostraba distensión colónica, con pérdida de haustración y un diámetro en colon transverso de 8-9 cm. En la exploración física leve distensión abdominal y ausencia de signos de peritonismo. En la tomografía axial computarizada de abdomen no se observaba neumoperitoneo ni líquido libre abdominal. Se diagnostica megacolon tóxico y se decide, de acuerdo con el paciente, valorar la respuesta al tratamiento con infliximab con una máxima vigilancia médico-quirúrgica. En las primeras 24 persiste la misma situación clínica, pero en las 48-72 horas siguientes la mejoría es evidente, con disminución del número de deposiciones, de la rectorragia y ausencia de distensión abdominal. Se constata progresiva remisión de las alteraciones radiológicas y analíticas. A las dos semanas, presentando el paciente únicamente 2-3 deposiciones sin sangre, se administra nueva dosis de infliximab que se repite a las 6 semanas, estando el paciente asintomático. La dosis de esteroides se redujo progresivamente, se añadió azatioprina y el paciente se incluye en programa de tratamiento, cada 8 semanas, con infliximab. Se practica control endoscópico a los 6 meses, estando el paciente asintomático, observándose numerosos pseudopólipos y ausencia de actividad inflamatoria.

