Varón de 68 años, con antecedentes de hipertensión arterial y enfermedad renal crónica en hemodiálisis hacía cinco años. Hacía un año percibía que por su cuerpo se desplazaban insectos pequeños, los cuales escasamente podía ver y que le ocasionaban prurito.
El paciente fue evaluado reiteradamente por diferentes médicos (generales, internistas y nefrólogos) sin lograr demostrarse la presencia de parásitos. Consultó también a un dermatólogo que no evidenció lesiones al examen físico. Además, el EPSD, test de Graham y acarotest fueron negativos. Al no encontrar una explicación a sus síntomas, que él consideraba que eran ocasionados por "parásitos", solicitó ser evaluado por un especialista parasitólogo. Al examen físico sólo evidenciaba escoriaciones en antebrazos y muslos atribuibles al grataje. El nuevo estudio parasitológico, al igual que cinco estudios previos fueron negativos. Finalmente, se sugirió al paciente una evaluación con psiquiatra, lo que desencadenó su enojo y la frase: "no estoy loco y el parasitólogo no sabe nada de bichos".
