Hombre de 33 años con residencia urbana en la Región de la Araucanía, sin antecedentes mórbidos de importancia, que ingresa al Hospital Dr. Hernán Henríquez Aravena de Temuco por presentar desde una semana antes anorexia, astenia, mialgias generalizadas, cefalea, náuseas y disnea de esfuerzos los últimos tres días, refiriendo haber habitado en un sector rural de la región recientemente. Los exámenes de ingreso mostraban hematocrito de 47%, leucocitos 5.600/mm3 y plaquetas 60.000/mm3 con infiltrados intersticiales difusos bilaterales en la radiografía de tórax. Dado el cuadro clínico y los antecedentes epidemiológicos se planteó un síndrome cardiopulmonar por hantavirus confirmándose la sospecha diagnóstica mediante test rápido específico (inmunocromatografía para IgM). Se inició manejo de soporte e indicó 1 g/día de metilprednisolona iv durante 5 días. Evolucionó con disfunción miocárdica, requiriendo altas dosis de fármacos vasoactivos. Desarrolló durante su estadía hospitalaria una neumonía asociada a ventilación mecánica tratada inicialmente con imipenem, vancomicina y amikacina. En el cultivo de secreción bronquial se aisló Staphylococcus aureus resistente a meticilina, cambiándose vancomicina por linezolid.
Al sexto día de hospitalización inició un cuadro de ictericia progresiva con hiperbilirrubinemia (13,9 mg/dL) de predominio directa (12,4 mg/dL), aumento de fosfatasas alcalinas (854 U/l) y una ecotomografía abdominal compatible con una colecistitis aguda alitiásica, la que fue resuelta quirúrgicamente el mismo día.
Durante la segunda y tercera semana, el paciente continuó febril con aparición de lesiones costrosas en el tronco y la cara, una de ellas de localización nasal. Se obtuvieron cultivos de sangre y aspirado endotraqueal, los que fueron informados como positivos para Candida albicans y Pseudomonas aeruginosa respectivamente, agregándose al esquema antimicrobiano cobertura con anidulafungina para C. albicans y cefoperazona/sulbactam para Pseudomonas aeruginosa. Permaneció grave, aunque afebril y, desde el punto de vista cardiopulmonar, requiriendo menor apoyo ventilatorio, con modificación de los parámetros de soporte y de aminas vasoactivas. Durante la cuarta semana de hospitalización se describió la aparición de una lesión ulcerada en el dorso nasal, de fondo necrótico y bordes irregulares, además de una escara sacra y otras en los talones.

Continuó afebril y en tratamiento con cefoperazona/ sulbactam y anidulafungina. Un cultivo de la lesión nasal fue informado como positivo para C. albicans. En la biopsia de la misma lesión se apreciaban abundantes elementos micóticos tipo hifas no septadas, compatibles con mucor, en un fragmento del ala nasal. Con estos resultados se suspendió la anidulafungina e inició terapia con anfotericina B desoxicolato en dosis ajustada según función renal (creatininemia: 3 mg/dL). El estudio con fondo de ojo, tomografía axial computada (TAC) cerebral y de cavidades paranasales no demostró la concomitancia de lesiones profundas.

Permaneció grave, con ictericia intensa (bilirrubinemia total: 21 mg/dL, bilirrubinemia directa: 19 mg/dL, fosfatasas alcalinas: 854 U/l, GOT:83 U/L, GPT:8 U/L). La TAC de abdomen-pélvis demostró hepatomegalia difusa sin abscedación, con una vía biliar de estructura conservada. Una TAC de tórax comprobó la existencia de una extensa efusión pleural a izquierda y el colapso pulmonar ipsilateral. La punción de esta efusión dio salida a líquido hemático que no coagulaba y se instaló un tubo de drenaje pleural.
En los días posteriores evolucionó febril, en anuria, con altos requerimientos de apoyo ventilatorio y hemodinámico. El paciente falleció, habiendo completado cinco días de tratamiento con anfotericina B y luego de efectuarse dos aseos quirúrgicos de la lesión nasal.
