Mujer de 56 años, sin antecedentes personales de interés, que consulta en junio de 1995 por dolor y distensión abdominal progresiva de 3 meses de evolución. A la exploración física se constata la existencia de un abdomen distendido, con semiología de ascitis, no a tensión. No hay signos de hepatopatía ni insuficiencia cardíaca. Las exploraciones complementarias muestran una bioquímica básica y hemograma sin alteraciones, unos marcadores tumorales con un Ca 125: 35 Ul/ml, Ca 19.9: 37 Ul/ml y CEA: 8 Ul/ml. Se intenta realizar paracentesis diagnóstica, pero es infructuosa en varios intentos. Las pruebas de imagen hablan de una TAC abdomino-pélvica que muestra la existencia de ascitis, con adenopatías y varios nódulos peritoneales; una colonoscopia normal y una ecografía ginecológica normal.
Finalmente la paciente se somete a laparotomía exploradora encontrándose una cantidad moderada de ascitis con abundante moco, múltiples adherencias a intestino y anejos ginecológicos, numerosos implantes en omento, pared abdominal y peritoneo y, un apéndice abierto de aspecto mucoso. Se practica un histerectomía con doble anexectomía, linfadenectomía pélvica, apendicectomía y hemicolectomía derecha. La cirugía no es radical, permaneciendo enfermedad residual superior a 2 cms. El análisis anatomopatológico de las piezas informa de una carcinomatosis peritoneal por adenocarcinoma de apéndice; colon y ovario sin alteraciones.
La TAC postcirugía muestra nódulos tumorales en epiplón y peritoneo. Los marcadores tumorales habían descendido a niveles normales (CEA: 1,7 Ul/ml; Ca 19.9:27 Ul/ ml).
Se decide administrar quimioterapia con esquema de la Clínica Mayo (5FU-FA). La paciente recibe tratamiento durante un año con un total de 12 ciclos, desapareciendo las imágenes de TAC y con normalización de marcadores. Desde febrero de 1997 permanece en control por el servicio de oncología médica. Durante el seguimiento, se aprecian nódulos peritoneales de lento crecimiento, con un ascenso progresivo de marcadores tumorales. Se opta por la abstención terapéutica, dado que la paciente permanece asintomática. Cuando el crecimiento de los nódulos se hizo manifiesto, se solicitó punción biopsia, en junio de 2001, que confirmó la recaída peritoneal de adenocarcinoma apendicular. En ese momento se decide retratar con esquema Clínica Mayo hasta un total de 8 ciclos, alcanzando criterios de enfermedad estable. Se decide continuar con quimioterapia de tercera línea con Tomudex-Oxaliplatino (6 ciclos). La respuesta, en agosto de 2002, fue nuevamente de estabilización. Desde entonces la paciente permanece oligoasintomática con vida activa, y con la presencia de múltiples nódulos peritoneales que forman una coraza en la pared abdominal. En diciembre de 2003, la enfermedad progresa produciéndose compresión de cola de caballo secundaria a masa presacra. Recibe radioterapia paliativa, aliviándose el dolor y sin producirse déficit neurológico. La situación de enfermedad a octubre de 2004, es la de lento deterioro del estado general por progresión de enfermedad, con anemia y desnutrición por dificultad en la ingesta debido a cuadros suboclusivos.

