Varón de 47 años de edad que es remitido a nuestro centro por linfedema escrotal gigante de origen desconocido de 5 años de evolución. Como antecedentes importantes destacaban la realización hacía 5 años de una hernioplastia inguinal derecha, así como una hepatopatía crónica B por enolismo con pancitopenia y descompensaciones ascíticas importantes. El paciente no presentaba antecedentes de radioterapia pélvica o de viajes al extranjero que pudieran explicar una filariasis.
A la exploración destacaba la presencia de una masa escrotal de importante tamaño con signos de piel linfadenomatosa, en la cual se podía intuir escroto sin presencia de pene. El paciente refería ser continente y orinar por pequeño agujero en zona anterior de la masa. Presentaba también úlceras supurativas. A la exploración mediante tacto rectal encontramos próstata pequeña, bilobulada y sin nódulos; analítica en la que destacaba función renal normal, PSA normal y urocultivo negativo.
Se realizó una resonancia nuclear magnética (RNM) abdominopélvica objetivándose gran linfedema escrotal con formación de absceso de 6 cm en canal inguinal derecho, así como presencia de varias adenopatías inguinales bilaterales de aspecto reactivo.

Como primer paso se identificó el pene y ambos testículos a través de una incisión suprapúbica. Dada la no viabilidad del testículo derecho se realizó orquiectomía simple derecha y se resecó todo el tejido cutáneo y subcutáneo afectado hasta llegar a tejido sano, tras lo cual, se realizaron dos colgajos: uno superior y otro posterior para cerrar el defecto y cubrir los testes. Realizamos una incisión a la altura de pubis por la cual se extrajo el pene y empleamos un autoinjerto cutáneo peneano para la cobertura del déficit cutáneo del pene.

El postoperatorio transcurrió sin incidencias, siendo dado de alta el paciente a los 7 días de la intervención. El estudio anatomopatológico de la pieza de resección corroboró que el aspecto microscópico de la muestra era compatible con linfedema crónico.
La evolución fue favorable salvo una pequeña dehiscencia de la herida escrotal (con tejido de granulación) y pérdida parcial de los injertos del pene, sin signos de infección de las heridas, que se decidió tratar con curas por segunda intención. Al mes ya no presentaba dehiscencia y el tejido en el pene estaba completamente reepitelizado.

Tras un seguimiento postoperatorio de 9 meses, el paciente presenta buena evolución y una mejora importante de su calidad de vida, con clara mejoría higiénica (la supuración constante de la zona ha desaparecido); a vuelto a iniciar su vida laboral que había dejado por imposibilidad en la movilidad y presenta erecciones sin problema. Como única alteración debemos referir un remanente prepucial que durante su seguimiento post-quirúrgico presenta leve edema pero que ha ido mejorando.

