Mujer de 36 años de edad sin antecedentes patológicos de interés y madre de un hijo de 5 años de edad, que consulta para valorar aumento mamario bilateral. Presenta atrofia mamaria moderada con ptosis muy leve. La piel es de buena calidad, hidratada y sin estrías. No se palpan nódulos mamarios y la paciente no refiere ningún antecedente patológico mamario de relevancia. En las mamografías recientes no se detectó ninguna patología.
Tras la consulta y exploración clínica se decide llevar a cabo una cirugía de aumento mamario bilateral por vía periareolar inferior, con disección de bolsillo subpectoral y colocación de prótesis anatómicas de gel de silicona (McGhan® Style 140 MM de 320 cc.).
La intervención se realizó bajo anestesia general y transcurrió sin incidencias; la paciente fue dada de alta al día siguiente. A los 7 días de postoperatorio se encuentra bien, el aspecto de las mamas es normal, la simetría es adecuada y las molestias son de escasa relevancia. La paciente refiere que nota tensión en las mamas, pero sin dolor a la palpación. La cicatrización es correcta.

A los 15 días de postoperatorio acude a la consulta presentando aumento simétrico del volumen mamario y drenaje espontáneo de material líquido de coloración blanquecina a través de una pequeña dehiscencia de la herida periareolar derecha. No ha presentado fiebre y las mamas no muestran signos inflamatorios. En el margen lateral de la cicatriz se aprecia un pequeño de fecto de 2 mm. por el que drena material, que al exprimir la mama aumenta su caudal. Sospechando la existencia de un absceso retroareolar y decidimos dilatar dicho defecto usando una pinza de hemostasia, momento en el que se produce el drenaje espontáneo de una gran cantidad del citado material. Al proceder a la expresión de la mama se aprecia igualmente que el material drena por el pezón y al hacer la misma maniobra en la mama izquierda, se aprecia también este drenaje por el pezón. Tomamos muestra para cultivo, siendo el resultado negativo. Ante estos hallazgos pensamos que la tumefacción de las mamas se debe a la producción de leche.

Recomendamos a la paciente realizar una analítica para estudiar los niveles de prolactina (PRL) y se realiza consulta con Ginecología que recomienda una ecografía mamaria bilateral, TAC craneal y análisis de hormonas tiroideas y suprarrenales. Los resultados de todas estas pruebas no mostraron signos patológicos. La ecografía mamaria reveló un aumento de la densidad del tejido mamario y no se apreció líquido en el bolsillo que alojaba la prótesis. Aún así se decide instaurar tratamiento con bromocriptina por vía oral de forma empírica, a una dosis inicial de 1,25 mg., 3 veces al día. Después de una semana de tratamiento y al no obtener respuesta, se aumentó la dosis hasta 2,5 mg. 3 veces al día. El tratamiento se mantendría hasta 2 semanas después del cese de la secreción.
A pesar del tratamiento la evolución fue tórpida y el cuadro de galactorrea no cesó, continuando el drenaje de leche a través de la herida de la mama derecha. Ambas mamas continuaban turgentes. Se mantiene a la paciente con vendajes moderadamente compresivos considerando que el drenaje continuo de leche por la fístula de la herida puede ser un estímulo mantenido para la lactancia, así como para sellar posibles espacios muertos en el bolsillo o en el tejido mamario.
Al cabo de 2 meses en los que la paciente fue sometida a revisiones y curas semanales, el cuadro de galactorrea cesó, deteniéndose el drenaje de leche a través de la herida y disminuyendo la turgencia en ambas mamas.
Sin embargo, 2 semanas después la paciente acude de nuevo presentando en esta ocasión aumento de volumen mamario unilateral derecho. Se realiza nueva ecografía mamaria que revela la existencia de un seroma intracapsular derecho. Se procede al drenaje del mismo bajo condiciones de asepsia y éste se resuelve en 7 días; pero la morfología de la mama comienza a verse afectada de tal forma que el trayecto a través del cual drenaba la leche se retrae deformando la areola. Se constata también que la mama desarrolla un grado incipiente de contractura capsular. Optamos por llevar a cabo revisión quirúrgica debido sobre todo a la deformidad provocada por la fístula areolar.

La paciente es intervenida procediendo a la revisión del bolsillo en el que no se aprecia la existencia de ninguna colección líquida, tan solo escasos depósitos blanquecinos que se analizan Practicamos capsulotomías, recolocación de la prótesis que permanecía intacta y sin depósitos en su superficie y reparación de la retracción areolar. El informe anatomopatológico de los depósitos blanquecinos hallados describe la existencia de fibrosis hialinizada con infiltración crónica granulomatosa e infiltrado de histiocitos.

Durante este segundo postoperatorio la paciente no desarrolla galactorrea y se recupera sin incidencias. Sin embargo, después de 1 año la mama derecha desarrolla contractura capsular grado III por lo que se decide reintervenir nuevamente, realizando capsulectomía parcial debido a que los tegumentos se han adelgazado y se considera el riesgo de afectar la integridad de la piel durante la realización de una capsulectomia total, y capsulorrafia medial por ser esta la zona en la que el adelgazamiento de los tejidos es mayor. Cambiamos la prótesis por otra de idénticas carácterísticas. En el postoperatorio de esta nueva intervención detectamos como única complicación un síndrome de Mondor en la mama derecha.

Al cabo de 2 años de postoperatorio la paciente presenta nuevamente signos compatibles con contractura capsular recidivada en la mama derecha, con notable afectación estética y de aparición más lenta en la mama izquierda. El tratamiento quirúrgico que podría plantearse en esta ocasión sería: en la mama derecha nueva capsulectomía, si los tegumentos lo permiten, pudiendo precisar de refuerzo mediante malla de material sintético o biológico en la región ínferomedial, y en la mama izquierda capsulectomía y recambio de prótesis. No se descarta la necesidad de añadir procedimientos de mastopexia para corregir la posición del complejo teloareolar.

