Varón de 7 años de edad, remitido a nuestra consulta por presentar nevus melanocítico congénito gigante en espalda y flanco derecho, con diámetro máximo de 30 x 19 cm, bordes irregulares, zonas de mayor pigmentación y grosor, especialmente en el flanco derecho y recubierto por vello áspero y amelanótico.

Ante la eventualidad de una posible malignización, decidimos junto con la familia realizar sin demora tratamiento quirúrgico, para lo que obtuvimos los correspondientes consentimientos informados de la familia y la autorización del comité de trasplantes de nuestro hospital. En la primera intervención quirúrgica procedimos a la extirpación completa del nevus mediante bisturí ultrasónico (Harmonic®), lo que permitió la extirpación uniforme en el plano inferior al plexo vascular subdérmico, manteniendo un lecho absolutamente viable. El defecto resultante se cubrió con Integra® y para asegurar su inmovilidad, utilizamos un sistema de terapia de presión negativa VAC.® (Vacuum Assisted Closure KCl Clinic Spain S.L.) de forma continua, a la presión más baja disponible: -50 mm de Hg. En la misma intervención se realizó una biopsia de piel sana de uno de los márgenes, que se envió según protocolo al Centro Comunitario de Sangre y Tejidos (CCST) del Principado de Asturias (Oviedo, Asturias, España), para crear una piel artificial mediante cultivo autólogo de queratinocitos y fibroblastos sobre plasma humano (4, 5). El cuidado postoperatorio consistió en curas semanales bajo sedación y el mantenimiento de un sistema VAC® portátil, lo que permitió un alta hospitalaria precoz del paciente. La Anatomía Patológica confirmó que se trataba de un nevus melanocítico predominantemente intradérmico, con focos compuestos y junturales (nevus melanocítico congénito gigante), no apreciándose en los cortes estudiados afectación de los bordes laterales ni profundos.

A las 3 semanas, realizamos el segundo tiempo quirúrgico programado para la retirada de la lámina de silicona del Integra® observando un prendimiento casi completo. Ese mismo día, coordinamos la llegada de las láminas de piel cultivada procedentes del CCST, que se nos remitieron pegadas mediante puntos de histoacryl a un soporte sólido (6), enrolladas sobre sí mismas y envasadas individualmente. Cubrimos el defecto completamente con la piel cultivada, inmovilizándola con su propio soporte mediante grapas. A su vez, inmovilizamos todo de nuevo con el sistema VAC®, -50mmHg de presión en modo continuo, siguiendo la misma pauta de curas ambulatorias. La piel cultivada prendió en principio en un 90%, proporcionando lo que parecía un epitelio estable y con tendencia a confluir en las zonas cruentas. Dos semanas después de la primera siembra, cubrimos las zonas cruentas remanentes con una nueva remesa de piel cultivada y con el mismo sistema de fijación. En el postoperatorio inmediato de esta segunda siembra, en la primera cura efectuada a los 4 días, observamos abundante supuración en la herida y en las grapas de fijación, aunque los cultivos sucesivos practicados fueron negativos. A partir de la primera semana, la colaboración del paciente y de la familia nos permitió suspender la terapia de vacío e instaurar de forma ambulatoria curas tópicas oclusivas con gasa vaselinada y compresas impregnadas en cremas antisépticas, sujetas con malla elástica, lo que nos facilitaba el seguimiento y observación frecuentes de la zona. Aproximadamente al mes y medio tuvimos que descartar definitivamente la supervivencia de los cultivos de piel, por lo que fue necesario realizar cobertura definitiva mediante autoinjertos de espesor ultrafino, sin mallar, tomados con dermatomo eléctrico del muslo derecho. Esta vez la cobertura fue completa, mostrando al año de postoperatorio una cicatriz de calidad y elasticidad excelente y un buen resultado estético, sin evidencia de persistencia de la lesión ni de recidivas.

