Una mujer sana de 74 años acude referida por su oftalmólogo para evaluación y tratamiento de ojo rojo doloroso de aproximadamente un mes de evolución. No tenía antecedentes de interés, a excepción de cirugía de catarata no complicada (facoemulsificación) en ese mismo ojo unos cuatro meses antes. La exploración oftalmológica reveló una lesión sobreelevada a nivel del limbo superonasal de su ojo izquierdo (próxima a la incisión quirúrgica) asociada a múltiples microinfiltrados corneales, así como ingurgitación vascular conjuntival y del plexo escleral profundo. Se inició tratamiento con colirios antibióticos de amplio espectro, añadiéndose además instilaciones de colirios de suero autólogo y medroxiprogesterona.

Debido a la escasa respuesta al tratamiento, se solicitaron diversas pruebas serológicas (incluyendo bioquímica, hemograma, reactantes de fase aguda y marcadores de autoinmunidad). Paralelamente se inició tratamiento con corticoides sistémicos a dosis de 1 mg/kg. Además decidimos tomar una muestra escleroconjuntival, previa resección de la conjuntiva adyacente, con posterior implante de membrana amniótica (técnica «inlay») unido a la aplicación de adhesivo biológico (Fibrin Glue®) sobre el área de lesión. La biopsia fue diagnóstica de granulomatosis necrotizante asociada a hiperplasia de células plasmáticas sin indicios de vasculitis acompañante. Los resultados de las pruebas serológicas realizadas fueron normales.

Considerando la posibilidad de ENIC, se decidió instaurar tratamiento con Ciclosporina A (3 mg/kg/día) unido a los corticosteroides orales (1 mg/kg/día), pero unas ocho semanas tras su inicio el cuadro inflamatorio persistía y, dada su severidad, se decidió sustituir Ciclosporina por Azatioprina (100 mg/día) manteniendo los corticosteroides orales.

Este régimen terapéutico consiguió progresivamente controlar el proceso inflamatorio. Siete meses después del inicio del cuadro la paciente permanece asintomática y continúa con el tratamiento.

