Recién nacida de término con peso adecuado para la edad gestacional, sin antecedentes perinatológicos relevantes.
En el momento del nacimiento, se observó en el examen físico, un eritema generalizado que comprometía las palmas y las plantas, y respetaba la región posterior del tronco y las mucosas. A las 24 h de vida predominaba, sobre el cuadro clínico, la presencia de pápulas y pústulas sobre el eritema. La paciente presentó buen estado general, sin signos de toxoinfección sistémica en ningún momento.
Se realizaron estudios de laboratorio de rutina, inmunofluorescencia directa (IFD) para herpes, cultivos de sangre y orina, examen directo y cultivo del contenido de las pústulas, y serologías para citomegalovirus (CMV), virus de Epstein-Barr (EBV) y sífilis.
En el examen micológico directo de las pústulas se observaron elementos levaduriformes y en el cultivo creció Candida albicans. El examen bacteriológico y la tinción con Giemsa del contenido de las pústulas fueron negativos, así como los anticuerpos monoclonales para herpesvirus 1, 2, zóster, las serologías y los cultivos.
La paciente presentó muy buena evolución clínica, realizó tratamiento con fluconazol por vía oral en dosis de 6 mg/kg/día durante 7 días. Se observó una fina descamación a los 7 días y restitución del tegumento a los 14 días de vida.
Candidiasis cutánea congénita
La candidiasis cutánea congénita es una enfermedad muy infrecuente que se presenta en el momento del nacimiento o en las primeras 24 h de vida, casi siempre como una erupción maculopapular difusa que evoluciona a vesículas y pústulas con descamación posterior. El exantema es generalizado, como en el caso de la paciente, afecta característicamente las palmas y las plantas, y suele respetar las mucosas y el área del pañal. Alguna vez puede haber una afectación ungueal que se manifiesta con onixis y perionixis.1-3
La candidiasis cutánea congénita rara vez se disemina; cuando esto ocurre, se trata de una enfermedad grave que ocasiona una gran morbimortalidad. Existen factores que aumentan el riesgo de diseminación, como la dificultad respiratoria u otros signos clínicos o de laboratorio de sepsis en el período neonatal, el tratamiento antibiótico de amplio espectro durante los primeros días de vida, las maniobras invasivas durante el parto o el período neonatal, los déficits inmunitarios en el recién nacido y el peso al nacer menor de 1500 g.1,2,4,5
Se considera que la candidiasis cutánea congénita es una infección intrauterina adquirida por transmisión vertical desde la vagina colonizada por Candida. Otros factores asociados a candidiasis cutánea congénita son el uso de dispositivos intrauterinos, las suturas, los cerclajes cervicales o los cuerpos extraños.2
El diagnóstico se basa en un cuadro clínico compatible y el aislamiento de Candida a partir de las lesiones cutáneas. La citología del material obtenido de las lesiones demostraría la presencia de esporas o seudohifas, y el cultivo del aspirado de las lesiones revelaría el crecimiento de microorganismos pertenecientes al género Candida, de los cuales C. albicans es el más frecuente.
Con respecto al tratamiento de la candidiasis cutánea congénita, aunque la enfermedad habitualmente presenta un curso benigno y suele ser autorresolutiva, se aconseja realizar tratamiento con imidazólicos tópicos;2,4,5 algunos autores sugieren asociar al tratamiento antifúngicos orales, como nistatina o fluconazol, para disminuir el riesgo de diseminación, como en el caso de la paciente analizada.
El tratamiento antifúngico sistémico se recomienda para los recién nacidos que presenten algún factor de riesgo para la diseminación de la infección o tengan signos de sepsis. Se recomienda la anfotericina B por vía intravenosa.2
Los diagnósticos diferenciales deben realizarse con otras erupciones papulopustulosas del período neonatal, como sífilis congénita, impétigo neonatal, infección herpética diseminada, pustulosis estafilocócica, melanosis pustulosa transitoria neonatal, eritema tóxico y acropustulosis infantil; en estos tres últimos, la citología y el aspirado de las lesiones son estériles.
En la infección por el herpesvirus 2, las lesiones en la piel se presentan como vesículas, que pueden estar en racimo o seguir una disposición zosteriforme. Las lesiones vesiculosas aparecen entre la primera y la segunda semana de vida. Para su diagnóstico, el cultivo viral es el método de elección, pero puede realizarse inmunofluorescencia directa (IFD) o reacción en cadena de la polimerasa (PCR), y el examen de Tzank, que evidencia células epiteliales gigantes multinucleadas con inclusiones intranucleares.1
En la sífilis congénita los síntomas pueden estar desde el nacimiento o aparecer entre las 6 y las 8 semanas de vida. Para su diagnóstico, se realizan pruebas serológicas y microscopia de campo oscuro.1
En la infección por estafilococos, la manifestación más frecuente es el impétigo neonatal, que se presenta como ampollas que crecen rápidamente, se rompen con facilidad y producen erosiones. Dado que la piel del recién nacido es estéril en el nacimiento, se necesita un período aproximado de dos semanas para la producción de estas lesiones. El diagnóstico se realiza por el cultivo de las lesiones.1
El eritema tóxico neonatal se caracteriza por presentar máculas, vesículas, pápulas y pústulas de 1 a 3 mm de diámetro, rodeadas por un halo eritematoso y que aparecen dentro de las 48 a 72 h de vida. Presenta un curso autoinvolutivo. El diagnóstico es clínico, pero si hay duda diagnóstica, el examen de Tzank evidencia abundantes eosinófilos.1
Entre estos diagnósticos diferenciales, el que debe descartarse con mayor urgencia es el de infección por el virus del herpes, ya que en ese caso debe instalarse el tratamiento antiviral intravenoso rápidamente.
