Adolescente de 16 años con cuadro clínico caracterizado por estatus epiléptico e ictericia marcada desde el nacimiento. Ha convulsionado de manera regular desde hace 6 años. Éste representa uno de sus múltiples ingresos a centros hospitalarios. Desde el nacimiento, la adolescente presentó ictericia, a predominio de bilirrubina no conjugada, que persistió durante las primeras semanas de vida, incluso bajo los efectos de fototerapia. Se realizaron pruebas de función hepática (ALT, AST, GGT, fosfatasa alcalina), siempre dentro de parámetros normales, y medición de hematocrito, hemoglobina y frotis de sangre periférica para descartar hemólisis como causal de la ictericia. La ictericia persistió y a los 4 años se le realizaron nuevas pruebas de función hepática que fueron normales; sin embargo, la bilirrubina indirecta se presentaba constantemente elevada (alrededor de 8 mg/dl). Posteriormente, se le realizó una biopsia hepática que resultó normal. La paciente tuvo un desarrollo neurocognitivo, intelectual y motriz, aparentemente normal hasta los 10 años (edad hasta la que acudió a la escuela). A partir de entonces, la paciente presentó hipotonía generalizada, somnolencia frecuente, estrabismo, hipoacusia y convulsiones tónico-clónicas generalizadas, las que frecuentemente desencadenaron cuadros de estatus epiléptico. Las convulsiones cedían inicialmente al tratamiento con fenitoína, fenobarbital y ácido valproico con dosis terapéuticas medias. Se le realizaron resonancias magnéticas de cerebro que revelaron un leve aumento del tamaño de los ventrículos laterales. Con el pasar de los meses, se instauró en la paciente un cuadro compatible con la parálisis cerebral, con bradilalia, cuadriparesia, hipotonía e hipotrofia muscular, ataxia, convulsiones frecuentes, déficit intelectual y sordera. Se decidió su ingreso a UCI donde se administró tiopental sódico para inducir un coma terapéutico; las concentraciones de bilirrubina se encontraron sumamente elevadas (bilirrubina total: 23,4 mg/dl; bilirrubina indirecta: 22,1 mg/dl). Posteriormente se le administró fenobarbital, a cambio del tiopental, con lo que la paciente recobró su estado de conciencia y permaneció sin convulsivar. Además de impedir las convulsiones, el fenobarbital redujo los niveles de bilirrubina de manera evidente (bilirrubina total: 12,6 mg/dl; bilirrubina indirecta: 11,3 mg/dl).

Entre los antecedentes familiares, la paciente presenta a su hermana menor con datos clínicos similares (síndrome ictérico, convulsiones frecuentes, cuadriparesia, déficit intelectual). Se le realizó un estudio genealógico que sugirió una enfermedad de transmisión autosómica recesiva. Además, se efectuó un cariotipo que fue normal.

La presencia de una enfermedad en dos individuos de la misma línea generacional supone un patrón de transmisión horizontal, típico de las enfermedades autosómicas recesivas. Figura 2. Estudio genealógico de la paciente
