Varón de 54 años de edad al que se le practico una DBP según técnica de Scopinaro en octubre de 2000. El paciente presentaba una obesidad mórbida asociada a múltiples comorbilidades como diabetes mellitus, hipertensión arterial, dislipemia, infarto agudo de miocardio, esteatohepatitis y síndrome de apnea obstructiva del sueño. El peso e índice de masa corporal (IMC) preoperatorio fue de 122 Kg y 41,3 kg/m2 respectivamente. Durante el primer año tras la cirugía, el paciente tuvo una pérdida ponderal de 50 kg y posteriormente su peso se estabilizó en 70-72 kg y su IMC era de 24,4 kg/m2.
En abril de 2008, el enfermo fue hospitalizado por presentar un cuadro clínico caracterizado por lesiones cutáneas que habían comenzado un año después de la técnica bariátrica con empeoramiento progresivo en los últimos 2 años. Previamente, había sido tratado por su médico de atención primaria con minociclina oral sin observarse mejoría clínica. El paciente también refería astenia, debilidad muscular, dolores óseos generalizados, 6-8 deposiciones diarias de características esteatorreicas y pérdida progresiva de la visión, especialmente por la noche. En el interrogatorio realizado, el paciente reconocía mal cumplimiento del tratamiento y seguimiento nutricional recomendado tras la cirugía, con una escasa adhesión a la dieta y a la suplementación de vitaminas y oligoelementos prescrita.
En la exploración cutánea destacaba una xerosis generalizada junto con múltiples pápulas y nódulos foliculares de coloración pardo-rojiza con tapones de queratina. Estas lesiones se localizaban en el abdomen y en las superficies de extensión de extremidades superiores e inferiores. No se observó afectación de las mucosas. El cabello era escaso, frágil y seco. La biopsia cutánea reveló hiperqueratosis multifocal asociada a acantosis y folículos pilosos ocupados por tapones de queratina, que en los casos extremos se acompañaba de dilatación seudoquística de dichos folículos. La dermis presentaba una proliferación vascular y cambios inflamatorios crónicos inespecíficos.

El examen oftalmológico demostró nictalopía y la presencia de una xeroftalmía en ambos ojos caracterizada por una xerosis difusa conjuntival junto con manchas de Bitot. En la cornea se observaba una queratitis micropunteada superficial y xerosis corneal.
Con la sospecha clínica de deficiencia de vitamina A y ante la imposibilidad de determinar los niveles plasmáticos de vitamina A en nuestro hospital, se inicio tratamiento con una dosis oral de 60.000 UI de vitamina A junto con una solución intravenosa de vitaminas liposolubles que contenía 3.500 UI de vitamina A. Los niveles de vitamina A realizados en otro hospital a los 7 días tras iniciar el tratamiento eran de 26 μg/dl (rango 30-70 μg/dl).
Los datos de laboratorio demostraron una anemia microcítica ferropénica con un valor de hemoglobina de 8,1 g/dl (rango 13-17 g/dl) y de hierro de 19 μg/dl (rango 49-150 μg/dl). Los niveles de vitamina B12 y acido fólico eran normales. Otros parámetros nutricionales realizados detectaron unos valores plasmáticos de albumina de 3,4 g/dl (rango 3,4-4,8 g/dl), prealbúmina 11,5 mg/dl (rango 18-40 mg/dl), proteína ligada al retinol 1,6 mg/dl (rango 3-6 mg/dl), colesterol total 72 mg/dl (rango 110-200 mg/dl) y calcio 7,4 mg/dl (rango 8,5-10,2 mg/dl). El enfermo presentaba unos niveles de vitamina D de 9,9 ng/dl (rango 11-70 ng/dl) con unos valores de hormona paratiroidea (PTH) de 315 μU/ml (rango 10-80 μU/ml). La actividad de protrombina era normal. No se pudieron determinar los niveles de vitamina E y B.
El tratamiento se completó con una dieta normocalórica baja en grasas, suplementos hiperproteicos enterales, trasfusión de hematíes y suplementación de otras vitaminas y oligoelementos por vía oral e intravenosa. El paciente inició una clara mejoría progresiva de las lesiones dermatológicas y de la afectación oftalmológica hasta la resolución a los 2 meses. Fue dado de alta con una dosis diaria de 50.000 UI de vitamina A.
En mayo de 2010, el paciente precisó un nuevo ingreso hospitalario por empeoramiento de las lesiones cutáneas junto con una severa desnutrición proteica y déficit de varios micronutrientes debido de nuevo, al abandono del tratamiento nutricional por lo que se planteó la reconversión quirúrgica de la técnica bariátrica. Se practicó una enteroanastomosis laterolateral del asa biliopancreática y del asa alimentaria dejando en circulación todo el intestino. Actualmente, el enfermo presenta un estado nutricional adecuado, su peso es de 66,1 kg, su BMI es 23,1 kg/m2 y en su piel se objetivan unas cicatrices atróficas con pigmentación residual. Los parámetros analíticos nutricionales se encuentran normales así como los niveles plasmáticos de vitamina A (54 μg/dl) sin requerir suplementación con vitamina A.

