Varón de 26 años, sin antecedentes de interés, que sufre un atropello en la vía pública. Es recogido por una ambulancia medicalizada en GCS de 4 puntos (M2-O1-V1). Se procedió a su sedación, intubación y traslado a nuestro centro.
En la tomografía computarizada (TC) de ingreso se evidenciaron contusiones hemorrágicas temporales bilaterales en cápsula interna derecha y otra en cápsula interna y núcleo caudado izquierdos; edema cerebral difuso con obliteración de surcos y cisternas de la base del cráneo y pequeña colección extraaxial temporoparietal bilateral; línea media centrada, fractura de la base del cráneo y fractura temporoparietal derecha con extensión al peñasco. Se decidió monitorizar al paciente con un sensor de presión intracraneal (PIC) y otro de presión tisular de oxígeno que se colocaron en el lóbulo frontal derecho.
Las cifras iniciales de PIC fueron elevadas, pero se pudieron controlar con sedación y relajación. Sin embargo, a partir de las 48 horas del ingreso la PIC volvió a subir, por lo que se realizó una TC craneal de control (tercera desde el ingreso), que mostró un aumento de la contusión temporoparietal derecha y se calculó un volumen aproximado de 28 ml. Se decidió la intervención quirúrgica, y se efectuó una craneotomía frontotemporal derecha y evacuación de la contusión. Ante la imposibilidad de cerrar la duramadre por un considerable swelling cerebral, no se repuso el colgajo óseo.
Tras la cirugía, la PIC estuvo controlada y se pudo retirar progresivamente todas las medidas terapéuticas. El paciente evolucionó satisfactoriamente y, finalmente, fue dado de alta a planta a los 20 días con un GCS de 10 puntos (O4-M5-V1).
Durante la cirugía, se realizó la grabación de las imágenes de la microcirculación. Previamente, el comité de investigación de nuestro hospital había aprobado el estudio. Asimismo, el paciente utilizado como control y los familiares del paciente del caso clínico firmaron el consentimiento informado; en ambos casos autorizaron la realización de la técnica.
Una vez evacuada la contusión, y antes de iniciar el cierre por planos, se grabaron 8 secuencias de 10 s. Las grabaciones se realizaron sobre la corteza cerebral, en el límite de la resección quirúrgica (área de penumbra traumática).

El paciente control era un varón de 51 años, sin antecedentes patológicos de interés, intervenido quirúrgicamente de forma electiva por un aneurisma cerebral incidental de arteria cerebral media derecha. No presentaba lesiones de ningún tipo en el parénquima, por lo que lo consideramos un buen ejemplo del estado normal de la microcirculación cerebral. Las imágenes que se muestran se obtuvieron también sobre la corteza cerebral de los lóbulos frontal y temporal.

Al comparar ambas imágenes, se aprecia que el fondo de la figura 1 es negro debido a la gran cantidad de hematíes extravasados. Además, en la figura 1, destaca una imagen en forma de telaraña que podría corresponder a la pía-aracnoides. La mayor diferencia entre ambas imágenes es la densidad de vasos. En la figura 1 apenas se visualizan vasos, a pesar de que la imagen corresponde a la corteza cerebral pericontusional. Además, los pocos vasos que se observan son difícilmente identificables, al comparar esta imagen con la del paciente control.
Numéricamente, estas diferencias se encuentran reflejadas en la tabla 1. La longitud total de los vasos en el paciente control fue 5.120 μm y en el paciente con traumatismo, de 625 μm. Respecto a la densidad, en el caso control los vasos ocupan el 14,17% del área total de la imagen, mientras que en el paciente con TCE, únicamente el 2,51%.

