Varón de 57 años, exfumador, entre cuyos antecedentes personales destacan: hipertensión arterial en tratamiento con antagonistas de los receptores de angiotensina II, enfermedad de Ménière e hiperuricemia en tratamiento con Zyloric®. No ha sido intervenido quirúrgicamente con anterioridad.
La historia del proceso comienza con un dolor lumbar e infecciones urinarias de repetición, motivo por el cual el paciente acude a su médico de atención primaria; le realiza una ecografía donde se objetiva un aneurisma de aorta abdominal de unos 5 cm de diámetro máximo.
Ante este hallazgo, el paciente es derivado a consultas externas de cirugía vascular de nuestro hospital. El examen físico general estaba dentro de la normalidad, salvo la detección de una masa pulsátil abdominal de gran tamaño, a nivel periumbilical. En ambos miembros inferiores se palpan pulsos a todos los niveles de forma bilateral y apreciamos latidos simétricos a nivel de las arterias carótidas, sin escucharse soplos.
En este momento, solicitamos un angiotomografía computarizada (angioTC), que constató la presencia de un aneurisma de aorta abdominal infrarrenal inflamatorio, de 6,2 × 6,2 cm de diámetro. No se evidenció extensión del aneurisma hacia las arterias ilíacas comunes. Ambos riñones y sistemas excretores estaban dentro de la normalidad.
Tras esta confirmación, se llevó a cabo el estudio rutinario preoperatorio, consistente en una analítica (C3 y C4 normales, PCR 1,78), radiografía de tórax, electrocardiograma, ecocardiograma y pruebas de función respiratoria, todos ellos dentro de la normalidad.
Previo consentimiento informado por parte del paciente, se realizó el procedimiento quirúrgico mediante abordaje retroperitoneal a través de lumbotomía. El pinzamiento fue infrarrenal y el tratamiento consistió en sustitución del segmento afectado por un bypass aortoaórtico, colocando una prótesis de Hemashield de 16 mm. Intraoperatoriamente, se encontró una reacción perianeurismática de tipo inflamatorio importante; se halló la tercera porción del duodeno y el uréter izquierdo parcialmente adheridos a la masa aneurismática, lo que dificultó la disección. Además, se encontraron ganglios linfáticos aumentados de tamaño que fueron resecados para un estudio anatomopatológico; posteriormente, fueron informados como tejido inflamatorio de características linfoides. La luz de la aorta era blanca nacarada, lisa y sin trombos en su interior.
Durante el período postoperatorio, el paciente permaneció afebril y estable clínicamente, con buena evolución de las heridas quirúrgicas; tan sólo requirió trasfusión de tres unidades de concentrado de hematíes por un descenso de la hemoglobina. En el momento del alta, los valores analíticos estaban dentro de la normalidad.

