Un varón de 52 años acude a nuestro centro con fiebre, dolor en flanco derecho, polaquiuria y dispepsia gástrica. Desde hace dos años el paciente presenta ocasionalmente esta sintomatología desde que se le realizó una nefrectomía simple por una pielonefritis crónica sintomática. No tenía otros antecedentes de interés. El paciente presentaba una hidronefrosis derecha secundaria a una litiasis en la unión pieloureteral. Antes de la nefrectomía se le practicó una Urografía Intravenosa (UIV), podemos ver que portaba una nefrostomía de descarga. Se aprecia una litiasis que no obstruye completamente la vía de 1,5 cm, además los dos tercios superiores del uréter derecho están dilatados. Distalmente hay una estenosis ureteral y una segunda litiasis.
En la exploración física se aprecia dolor en flanco derecho, sin masas palpables. El tacto rectal es normal. Los análisis de urgencia tanto de sangre como de orina no mostraron alteración alguna. La placa simple de aparato urinario objetivó una imagen radioopaca en la pelvis menor compatible con una litiasis. También se le realizó una ecografía que confirmó la existencia de una litiasis intravesical. Además se apreciaba una dilatación del remanente ureteral.
La tomografía axial computarizada (TAC) permitió definir mejor la morfología de las estructuras. Vimos que el uréter presentaba una dilación de 4 cm. desde la vejiga hasta el hilio renal contralateral.

Concluimos que la sintomatología era secundaria a la dilatación ureteral y a la presencia de la litiasis, vesical y ureteral, y se decidió practicarle una ureterectomía y una cistolitotomía por una incisión pararrectal. Durante la intervención encontramos un uréter de consistencia muy dura en su extremo distal. Se consiguió la exéresis completa aunque, debido a la adherencia a los tejidos adyacentes, se resecó también la vesícula seminal derecha. No observamos adenopatías.
El uréter medía 24 cm de largo por 4 de ancho, presentaba una ulceración importante, los 10 cm distales eran de consistencia muy dura. La luz ureteral tenía 1,5 cm. de diámetro.

Microscópicamente se observa sustitución total del epitelio urotelial por una neoplasia maligna infiltrante de tipo adenocarcinoma intestinal moderadamente diferenciado que presenta patrones de crecimiento tubular y glandular, con pleomorfismo nuclear y marcada atipia además de numerosas figuras de mitosis. La neoplasia afecta a todo el uréter produciendo extensa infiltración en el área estenótica, infiltrando profusamente la mucosa, la muscular propia hasta el tejido adiposo periureteral, y con un crecimiento más superficial en la área dilatada. No se aprecia urotelio conservado.

Todo el uréter se encontraba afectado pero la vesícula seminal estaba libre de tumor. El estudio inmunohistoquímico era intensamente positivo para citoqueratina 7 pero no expresaba citoqueratina 20 ó p53.
Los adenocarcinomas primarios de uréter son muy poco comunes, así que se solicitó una TAC toracoabdominopélvica, una colagiopancreatografía, una gastroscopia y una colonoscopia para descartar un tumor primario fuera del tracto urinario, especialmente en el aparato digestivo. Además se solicitaron marcadores tumorales: PSA, CEA y CA 19.9. Todas las pruebas resultaron negativas a excepción de la colonoscopia en la que se resecó un pequeño pólipo. El examen anatomopatológico concluyó que se trataba de un adenoma tubular con displasia de bajo grado.
El paciente fue remitido al Servicio de Oncología donde le trató con platino a altas dosis. Tras la quimioterapia, al año y medio de la ureterectomía, presentó una metástasis única pulmonar que le fue resecada. Actualmente el paciente presenta muy buen estado general.

