Mujer de 36 años, alérgica a codeína y tetraciclinas, con antecedentes de hipotiroidismo, talasemia minor, alopecia areata occipital, intervenida de sinus pilonidal, un parto vaginal eutócico. Remitida desde consulta de ginecología donde acudió por dolor hipogástrico intermitente irradiado a genitales, asociado a disuria, polaquiuria y tenesmo vesical de 5 meses de evolución, con hematuria microscópica autolimitada caprichosa en el último mes, presentando un falso positivo en el test de embarazo, dado que la paciente no mantenía relaciones coitales. Como antecedente urológico, refería cistitis de repetición de al menos 3 episodios por año en los últimos 7 años, manejadas desde atención primaria. En los últimos dos meses aumentó su clínica irritativa miccional con frecuencia diurna cada hora y nocturna de 7 veces, explicando episodios ocasionales compatibles con neumaturia, sin síntomas obstructivos del tracto urinario inferior. Menstruaciones regulares normales. A la exploración no se palpaban masas abdominales, la puñopercusión renal era negativa, los genitales externos normales, sin prolapsos ni dolor al tacto vaginal bimanual en cuya cara anterior se identificaba una masa indurada móvil.
Analíticamente, en sangre se encontraron elevados los niveles de ß-HCG (557UI/l), antígeno carcinoembrionario (25,4 ng/ml), Ca 19-9 (311 UI/ml) y Ca 125 (63,2 UI/ml), siendo normal el valor de la alfafetoproteína. Hb: 11,2 g/dl, 15200 leucocitos/mm3, resto normal incluido el estudio de coagulación. Test de embarazo repetido en orina falsamente positivo y análisis con intensa piuria, nitritos negativos y más de 200 hematíes/campo.
La ecografía abdominal informaba de engrosamiento irregular hiperecogénico del fondo y la pared vesical anterior por probable neoplasia, siendo los riñones, el útero y los anejos normales. La urografía intravenosa mostraba un gran defecto de repleción hemivesical izquierdo, siendo normal el tracto urinario superior. Se realizó una uretrocistoscopia confirmando una tumoración sólida de aspecto infiltrante, en la cara lateral izquierda, fondo, cara anterior y hemitrígono izquierdo hasta el cuello vesical. Se completó el estudio mediante RMN abdominopélvica comprobando un severo engrosamiento concéntrico parietal vesical sin afectación de la grasa perivesical, con presencia de aire en la cúpula por posible fístula enterovesical y adenopatía de 15 mm iliaca derecha. La radiografía de tórax preoperatoria fue normal.

Se realizó una resección transuretral vesical de la tumoración, con informe patológico de carcinoma transicional vesical invasivo de alto grado G3T2, sin diferenciación trofoblástica siendo la inmunohistoquímica compatible con origen urotelial (CK7 y CK34BE12 positivos). Dos semanas tras la cirugía la paciente presentaba dos lesiones cutáneas de rápido crecimiento. Un nódulo sólido a nivel frontal, ulcerado y sangrante al roce y otra lesión lumbar sobreelevada de crecimiento excéntrico. Ante la sospecha de metástasis cutáneas se realizó exéresis con informe patológico de tumor sólido infiltrando piel, tejidos blandos subyacentes incluyendo músculo y fascia, afectando los bordes en profundidad al hueso frontal, con inmunofenotipo compatible con metástasis cutáneas de carcinoma transicional infiltrante de alto grado. Se inició quimioterapia con cisplatino y gemcitabina quincenal. El TAC toracoabdominal a los dos meses mostraba un estallido metastásico con múltiples implantes a nivel inframamario izquierdo, glúteo, psoas, músculo paravertebral dorsal y lumbar izquierdos, metástasis pericárdica de 4 cm en cara anterior de ventrículo izquierdo, múltiples adenopatías retroperitoneales y metástasis osteolíticas en sacro izquierdo y parrilla costal, acetábulo e isquion derechos. Localmente la extensión del tumor vesical infiltraba el sigma y el uréter izquierdo distal. La paciente en tratamiento paliativo, falleció a los tres meses del debut metastásico a nivel cutáneo.

