Varón de 15 años de edad, sin antecedentes medicoquirúrgicos de interés, que ingresa de urgencia tras recibir un golpe fortuito de moderada intensidad en flanco derecho practicando balonmano. Refiere dolor continuo en hemiabdomen derecho no irradiado, un vómito alimenticio, e inicio de hematuria macroscópica en la hora posterior.
A la exploración se encuentra consciente, afebril, con moderada palidez cutáneo-mucosa, dolor, matidez y palpación de masa en hipocondrio y vacío derechos con defensa abdominal voluntaria y ruidos hidroaéreos conservados. Evaluación neurológica normal. Presión arterial: 80/40 mmHg. Frecuencia cardiaca: 80 lat/min.
La analítica de sangre inicial presentaba Hb:12,2 g/dl, Ht: 37,3%, 22.200 leucocitos/mm3, neutrófilos 82% y creatinina: 0,6 mg/dl, siendo el estudio de coagulación normal. El análisis de orina mostraba hematuria macroscópica, proteínas >300 mg/dl, glucosa 250 mg/dl, nitritos positivos y un nivel alto de bilirrubina.
En la radiografía simple de abdomen se apreciaba un borramiento de la línea renopsoas derecha. La ecografía abdominal informaba de rotura renal derecha con hematoma retroperitoneal hasta la fosa iliaca derecha, contusión del segmento posterior del lóbulo hepático derecho con mínima cantidad de líquido libre perihepático y cavidad vesical con múltiples coágulos, siendo el riñón izquierdo y el bazo normales.
Con el paciente monitorizado y estable hemodinamicamente tras reposición hidroelectrolítica, se realizó un TAC abdomino-pélvico con contraste, identificándose unos riñones en herradura con fractura del polo superior del riñón derecho y afectación calicilar con extravasado de contraste perirrenal, posible fístula arteriovenosa y gran hematoma retroperitoneal superando la línea media hacia el espacio perirrenal izquierdo con desplazamiento de estructuras retro e intraperitoneales,.

Ante este nuevo dato diagnóstico, la estabilidad clínica y analítica seriada y la cesión de la hematuria con preservación de constantes y diuresis, el paciente se traslada a UCI, permitiéndonos una planificación adecuada para una cirugía conservadora. Se transfunden 4 concentrados de hematíes de forma progresiva, no bajando el hematocrito de 28%.
A pesar de la evolución favorable del hematoma retroperitoneal, ante la reaparición intermitente de hematuria de escasa cuantía y la posibilidad de una fístula vascular, se programa la intervención a los 16 días del ingreso. Se realizó una lumbotomía derecha con evacuación del hematoma organizado perirrenal y extracción de tres fragmentos de parénquima renal correspondientes al polo superior y a la zona mesorrenal externa derecha desvitalizados. Se colocó un catéter ureteral derecho por pielotomía y un catéter percutáneo Malecot 14 Ch., con sutura del grupo calicial inferior y de la zona mesorrenal.
Doce días después el paciente presentó febrícula y débito de orina por el drenaje, por lo que se colocó un catéter doble J ureteral derecho, resultando ineficaz. Manteniendo el drenaje, la sonda vesical y un control ambulatorio ecográfico de ausencia de colecciones, se resolvió conservadoramente la fístula urinaria calicial postquirúrgica al cabo de dos semanas. Tres años después, el paciente presenta una función renal analítica y urográfica normal,.

El informe anatomopatológico de la nefrectomía parcial derecha por rotura traumática de riñón en herradura, reveló ausencia de patología glomérulo-tubular, con extensa hemorragia y necrosis intersticial y presencia de glándula suprarrenal derecha fragmentada.

