Se trata del caso de una paciente femenina de 91 años que se presentó acompañada de una familiar en el servicio de emergencias de un hospital de referencia en San José, Costa Rica. El motivo de la consulta se debió a un dolor abdominal que irradiaba hacia la cresta ilíaca antero-superior izquierda y que se agudizaba con los cambios de posición. Como antecedentes importantes se encontraron hipertensión arterial de larga data y tos persistente de un mes de duración.
En el momento del examen físico presentaba movilidad de las cuatro extremidades, náuseas, mucosa oral levemente seca, deshidratación de leve a moderada y desnutrición. En la región abdominal se percibió un abdomen blando y doloroso a la palpación en ausencia de masas. La paciente presentaba estabilidad hemodinámica y el Servicio de Ortopedia descartó presencia de fracturas. Las pupilas fueron calificadas como hiporreactivas y la radiografía de tórax reveló un serio compromiso pulmonar con infiltrados bilaterales. Por su condición, se ingresó en el centro hospitalario donde se inició con los estudios de hematología y química sanguínea.
Los resultados de laboratorio demostraron un desequilibrio electrolítico, acidemia y franca leucocitosis con presencia de bandas, lo cual se asoció con un posible cuadro séptico. En virtud de la afectación pulmonar, se instauró asistencia respiratoria mecánica y nutrición entérica a través de una sonda nasogástrica. A partir de ese momento, la salud de la paciente fue en detrimento progresivo.
Al séptimo día luego de su ingreso hospitalario, el personal de enfermería reportó la presencia de larvas provenientes de ambas fosas nasales. En las 24 horas siguientes, se recolectaron cinco de dichas larvas para la determinación de especie y se inició el tratamiento con ivermectina. Según los registros médicos, en los días posteriores no se visualizaron larvas; no obstante, la paciente falleció por una bronconeumonía aguda agravada por insuficiencia renal aguda al doceavo día de internamiento.
Tres larvas recolectadas fueron fijadas en alcohol al 70 % y referidas al Laboratorio de Entomología Médica de la Facultad de Microbiología de la Universidad de Costa Rica, para la determinación de especie. El material fue disecado y aclarado en lactofenol durante 24 horas, se montó entre lámina y laminilla utilizando medio Hoyer y, posteriormente, se fotografió al microscopio.

La observación microscópica de las larvas de tercer estadio permitió establecer las siguientes características: cuerpo cilíndrico con espinas cuticulares unicúspides agrupadas en hileras de dos a siete espinas ; al menos, uno de los espiráculos protorácicos con 6 o menos aberturas ; esqueleto cefalofaríngeo sin esclerito oral accesorio y peritrema completo que no se proyecta internamente entre las aberturas espiraculares externa y media. Según la clave dicotómica de Thyssen (6), los criterios descritos por Pirali-Kheirabadi, et al. (7), y Nazni, et al. (8), y el análisis taxonómico de las larvas muscomorfas permitió establecer el diagnóstico de L. cuprina como la especie responsable de la miasis. El mismo día en que se evidenciaron las larvas, se recolectaron cinco moscas adultas utilizando redes entomológicas en el exterior del hospital, contiguo al salón donde estuvo internada la paciente. La identificación de estas moscas correspondió a L. cuprina y Musca domestica (9).
