Paciente de 90 años con antecedentes de enfermedad diverticular del colon, reflujo gastroesofágico y déficit sensorial visual y auditivo. Usuario de eszopiclona en forma habitual. En la valoración geriátrica integral realizada al ingreso al hospital se lo describió como autovalente en actividades avanzadas de la vida diaria y sin deterioro cognitivo.
Consultó en Servicio de Urgencia por presentar en las últimas 24 h cefalea holocránea intensa, desorientación témporo-espacial y agitación psicomotora de inicio brusco. Sus familiares no refirieron la presencia de fiebre, náuseas o vómitos. En el examen físico destacó la presencia de taquicardia regular, hipertensión arterial y ausencia de focalización neurológica. La tomografía computada de cerebro mostró involución encefálica y ateromatosis en el sistema vertebro-basilar. No había signos de infartos ni hemorragias. Los exámenes de laboratorio no evidenciaron alteraciones metabólicas ni hidroelectrolíticas y la proteína C reactiva estaba en concentración normal. Fue evaluado por neurólogo quien describió la presencia de delirium y una probable hemianopsia homónima izquierda, sospechando un accidente cerebrovascular isquémico derecho. Al día siguiente se describe que el paciente no presentaba delirium, en un nuevo examen neurológico se descartó la hemianopsia. Durante el día presentó febrículas hasta 37,5°C. Al cuarto día de hospitalización presentó nuevamente delirium. Una tomografía computada de cerebro de control no mostró cambios; sin embargo, la proteína C reactiva se elevó (125 mg/L) y apareció discreta leucocitosis. Al día siguiente apareció fiebre de 38°C. Se sospechó un cuadro infeccioso efectuándose una radiografía de tórax, examen de orina, urocultivo, hemocultivos y obtención de líquido cefalorraquídeo mediante una punción lumbar, los que resultaron normales o negativos. Una evaluación por infectólogo sugirió emplear terapia antibiótica empírica, prescribiéndose ceftriaxona y ampicilina. La persistencia del delirium y de la elevación de los parámetros inflamatorios al cuarto día de terapia antibiótica motivó la realización de una tomografía computada de tórax, abdomen y pelvis y de una ecotomografía abdominal, las que sólo mostraron colelitiasis sin signos de colecistitis aguda. Dos días más tarde el paciente presentó aumento de volumen en rodilla izquierda con signos inflamatorios. La punción articular obtuvo un líquido amarillo, levemente turbio, con viscosidad < 0,1. El recuento celular fue de 360 leucocitos por campo, con 60% de polimorfonucleares. El gram y cultivo bacteriano resultaron negativos. La radiografía de la rodilla mostró calcificación del cartílago articular compatible con condrocalcinosis. Se concluyó que el síndrome febril, elevación de parámetros inflamatorios, delirium y monoartritis de rodilla con las características del líquido articular descritas fueron ocasionados por una crisis de pseudogota. No se efectuó un análisis de líquido articular para búsqueda de cristales por no contar el laboratorio de urgencias del hospital con este método. Se suspendieron los antibióticos y se inició terapia con celecoxib y colchicina. La fiebre, el delirium y la artritis remitieron en 48 h. El paciente egresó a los 13 días de hospitalización en buen estado general y en los controles posteriores estaba en la condición que tenía previo a la enfermedad que motivó la hospitalización.

