CW, paciente de origen polaco y residente en Chile, consultó por primera vez en 1975 a la edad de 46 años por un cuadro de hipercolesterolemia fenotipo IIa, con concentraciones séricas de colesterol total de 524 mg/dl y triglicéridos de 116 mg/dl. La paciente no refería sintomatología atribuible a patología cardiovascular isquémica coronaria, cerebral o periférica.
En sus antecedentes familiares destacaba que su madre y abuela materna padecieron de hipercolesterolemia aislada y cardiopatía coronaria precoz (manifestación clínica antes de los 65 años). En sus antecedentes personales, la paciente refería historia de TBC pulmonar, enfermedad reumática en su juventud y menopausia reciente. No fumaba ni bebía alcohol, tenía una vida activa, aunque sin actividad física programada y presentaba un consumo elevado de grasas saturadas.
El examen físico realizado en la consulta inicial mostró un índice de masa corporal de 27,8 kg/m2 y presión arterial de 130/80 mm de Hg. El examen cardíaco fue normal. No existían soplos carotídeos ni abdominal y los pulsos arteriales periféricos de las extremidades inferiores eran normales. La paciente tenía arco corneal bilateral y xantomas en los tendones extensores de las manos y en los tendones de Aquiles. El examen de fondo de ojo reflejaba una esclerosis leve de los vasos retineanos.
En los exámenes de laboratorio complementarios, la glicemia de ayuno fue de 85 mg/dl y la TSH de 2,8 uUI/ml con pruebas hepáticas y renales normales. Un electrocardiograma de esfuerzo resultó negativo para insuficiencia coronaria. El ultrasonido Doppler reveló ateromatosis no estenosante de ambas arterias carótidas internas y de las arterias subclavias.
Inicialmente, se indicó un régimen hipocalórico con reducción del consumo de grasas saturadas y colesterol e incremento de la ingesta de grasas poliinsaturadas y fibra dietética, sin obtenerse cambios significativos en las concentraciones de colesterol plasmático total (rango entre 430 y 500 mg/dl) durante un año de seguimiento. Posteriormente, se inició terapia con colesteramina comenzando con 4 g/día titulando la dosis hasta 24 g/día. La respuesta a esta resina fue dosis dependiente, aunque con un efecto hipocolesterolemiante muy discreto, alcanzando concentraciones de colesterol total sérico entre 300-400 mg/dl. Con las dosis más altas, la paciente refirió intolerancia digestiva, lo que obligó a reducir periódicamente la dosis de la colestiramina. Para reforzar el efecto de la resina, se asociaron fibratos (clofibrato, bezafibrato), sin obtenerse un efecto hipolipemiente adicional. En este momento, las concentraciones estimadas de c-LDL sérico oscilaban entre 300 y 350 mg/dl.
En 1992, y con la introducción de las estatinas al arsenal terapéutico, la paciente comenzó monoterapia con lovastatina 40 mg/día, sin obtener una respuesta significativa, aunque la asociación de colesteramina (8 g/día), permitió por primera vez reducir el c-LDL sérico a concentraciones <300 mg/dl. Desde entonces, se mantuvo con terapia hipolipemiante asociada (atorvastatina 20 mg/día o simvastativa 80 mg/día más colesteramina 8 g/día), alcanzándose con esta última combinación concentraciones de c-LDL entre 200-250 mg/dl. Las concentraciones de triglicéridos y de colesterol HDL han oscilado dentro de rangos aceptables, excepto cuando la paciente presentó sobrepeso. Las transaminasas y la creatinfosfokinasa (CPK) total y fracción muscular plasmáticas han sido siempre normales.

Durante su evolución, la paciente desarrolló hipertensión arterial leve controlada con amlodipino (10 mg/día). Además, ha presentado episodios vertiginosos, comprobándose daño del VIII par craneano, posiblemente de naturaleza isquémica. Un control ecográfico carotídeo realizado el año 2000 mostró ateromatosis carotídea bilateral con leve elongación de los vasos sin compromiso hemodinámico significativo. Un nuevo electrocardiograma de esfuerzo en 2002 fue negativo para insuficiencia del riego coronario. En ese mismo año, la paciente presentó tromboembolismo pulmonar asociado a viajes prolongados por lo cual inició terapia anticoagulante oral. En esa época y mientras la paciente estaba en tratamiento con simvastatina 80 mg/día y con niveles de c-LDL de 242 mg/dl, se obtuvo una muestra de ADN leucocitario para análisis molecular del gen del rLDL5, detectándose la mutación 1705 +1G>A, sin alteraciones en la secuencia del gen de la apolipoproteína B.
Desde hace un año, la paciente se encuentra en tratamiento con simvastatina 80 mg/día + ezetimibe 10 mg/día, alcanzando por primera vez concentraciones de LDL-C ­200 mg/dL de forma persistente. En su último control en junio de 2005, la paciente se encontraba activa, sin sintomatología cardiovascular asociada y con buena capacidad física, presión arterial de 150/60 mmHg y el resto del examen físico sin variaciones significativas. La paciente está recibiendo diariamente simvastatina/ezetimiba (80 mg/10 mg), amlodipino (10 mg) y acenocumarol. El perfil lipídico más reciente muestra un colesterol total de 260 mg/dl, c-LDL de 180 mg/dl, colesterol HDL de 60 mg/dl y triglicéridos de 100 mg/dl. El laboratorio adicional evidenció concentraciones plasmáticas normales de glucosa, transaminasas y CPK.
