Paciente de 73 años, mujer, remitida a consulta de Urología por cuadro de dolor lumbar derecho y microhematuria de 1 mes de evolución.
Como antecedentes personales destacan haber sido intervenida de histerectomía por miomas hace 26 años y de una hernia inguinal izquierda hace 15 años. Diagnosticada en 1998 de mieloma múltiple Ig G Lambda estadio IA (quiescente), siguiendo revisiones periódicas en servicio de hematología sin seguir tratamiento alguno. HTA e hiperglucemia en tratamiento dietético. Antecedente de fenómeno de Raynaud en seguimiento por Reumatología. No tratamientos médicos en la actualidad.
Encontrándose la paciente totalmente asintomática desarrolla un cuadro de dolor lumbar derecho sin clara irradiación ni otra clínica acompañante.
La exploración física resulta anodina con una puñopercusión renal derecha levemente positiva.
El elemental y sedimento de orina mostraba la presencia de 60-80 hematíes por campo, el urocultivo resultó negativo y las citologías urinarias también resultaron negativas para células malignas.
El estudio ecográfico evidenció unos riñones y una vejiga totalmente normales y la urografía intravenosa puso de manifiesto unos riñones de tamaño, morfología y función normal, con una vía excretora permeable. 
A las 3 semanas la paciente acude de nuevo por exacerbación del dolor lumbar derecho y emisión de coágulos finos y alargados. Se practicó nuevo estudio citológico de orina que también resultó negativo y nueva urografía donde se evidenció una ureterohidronefrosis grado II secundaria a estenosis de uréter distal derecho. Se realizó pielografía retrógrada derecha que confirmó la presencia de una estenosis distal de 2-3 cm.. Se tomó muestras de lavado de ese uréter para estudio citológico que resultaron negativas para malignidad.
Se pautó tratamiento antiinflamatorio, con una discreta mejoría clínica que vuelve a empeorar a los 2 meses, presentando la paciente en ese momento dolor lumbar bilateral, irradiado a flancos persistiendo la eliminación de coágulos filiformes. Se practicó nuevo estudio urográfico que esta vez demostró la presencia de una ureterohidronefrosis bilateral grado III, secundaria a estenosis distal de ambos uréteres. Se realizó T.A.C. abdómino-pélvico que descartó la existencia de procesos extrínsecos que originasen la estenosis, sólo evidenciando una luz ureteral puntiforme ocupada en ambos uréteres.
Se practicó cistoscopia cuidadosa que resultó normal y se tomaron muestras de lavado de ambos uréteres, con una cateterización bastante dificultosa, resultando el estudio citológico negativo.
Ante la evolución y bilateralidad del cuadro se decide intervención quirúrgica abierta, encontrándose unos uréteres normales macroscópicamente, sin encontrarse englobados en procesos fibrosos o adherenciales, remitiendo biopsia intraoperatoria del segmento estenótico que fue informada como oclusión de la luz ureteral por proceso inflamatorio agudo-crónico y fibrosis. Se realizó ureteroneocistotomía bilateral tipo Politano-Leadbetter.
El estudio anátomo-patológico definitivo confirmó la presencia de inflamación crónica, edema y fibrosis de la luz de ambos uréteres afectando sobre todo a la submucosa, sin evidenciarse granulomas, vasculitis o depósito de amiloide. 
A los 3 meses de seguimiento la paciente se encontraba asintomática y el estudio urográfico puso de manifiesto unos riñones normales, con unos uréteres permeables hasta su entrada en vejiga ; a los 6 meses la enferma continua sin síntomas.

