Varón de 32 años, natural de Pakistán, sin antecedentes personales de interés, que acude a la consulta por dolor e inflamación en cara interna del tobillo izquierdo al que se ha añadido dolor también en el pie derecho, predominantemente en la zona interna del tobillo. La dificultad para la marcha le llevó a acudir previamente al servicio de urgencias, en donde se objetivó fiebre de 38,1oC y en la analítica solicitada en dicho servicio se observan reactantes de fase aguda elevados (PCR 116 y leucocitosis). Puede resultar de interés que el paciente realizase un viaje a su país de origen un mes antes. En la exploración física presenta edema en zona de maléolo interno, con eritema y aumento de temperatura a la palpación. Tras tratamiento con antiinflamatorios (ibuprofeno 600 mg) durante una semana, presenta cierta mejoría del dolor del tobillo aunque ha aparecido inflamación en articulación interfalángica del primer dedo del pie izquierdo y dolor en otras articulaciones de la mano (metacarpofalángicas de segundo y tercer dedos de la mano izquierda), sin signos inflamatorios en la exploración de estas últimas. Mantiene buen estado general. En la analítica de control que se solicita persisten elevados los reactantes de fase aguda (PCR 87, VSG 57) y se objetivan anemia y alteraciones en la autoinmunidad (ANA 2,61 y anticuerpos antinucleares 1/160) y ácido úrico 8,1. Este cuadro, poliartritis migratoria recurrente junto con erupción cutánea, sugiere una posible artritis reactiva, por lo que se remite al servicio de reumatología de cara a considerar la etiología del cuadro y el posible tratamiento. Tras la valoración realizada por el reumatólogo, se diagnostica de artritis gotosa. Los antecedentes de monoartritis recurrente pueden apuntar hacia el diagnóstico anteriormente mencionado. No obstante, ante un cuadro de poliartritis aguda, en principio es poco sugestivo que se trate de una artritis microcristalina. Se pauta tratamiento con colchicina y alopurinol, sin mejoría posterior de los síntomas iniciales. El paciente refiere además empeoramiento de su estado general con sudoración y pérdida de peso de unos 20 Kg desde el inicio del cuadro, sin pérdida de apetito ni otra sintomatología en la anamnesis por aparatos. Además, persisten los dolores articulares migratorios sin signos inflamatorios. Ante dicho empeoramiento, se solicita un nuevo control analítico en el que se objetiva empeoramiento de la anemia hipocrómica-microcítica (Hb 10,3 g/dl) y los reactantes de fase aguda permanecen también elevados (PCR 127 mg/l, ferritina 412 mg/ml). El estudio serológico para VIH, Lyme, Mycoplasma, Coxiella, Chlamydia y Parvovirus B19 es negativo. Se comenta el caso con el Servicio de Infecciosas que deciden ingresar al paciente para realizar distintas pruebas complementarias con el objetivo de clarificar la causa de dicho cuadro. Así se realizan una gastroscopia y una colonoscopia como estudio de la anemia, sin encontrarse hallazgos de interés y un TAC tóracoabdominal y pélvico en el que se observan adenopatías en mediastino superior que tras completar el estudio de extensión con la realización de un PET Oncológico, son sugestivas de un proceso linfoproliferatico. Dichas adenopatías se biopsian y el estudio anatomopatológico confirma que se trata de un linfoma de Hodgkin. Actualmente el paciente ha iniciado el tratamiento quimioterápico con buena respuesta a la clínica inicial.

