Benigno Martín es un sujeto de 24 años, soltero, que vive solo y trabaja como enfermero en la Clínica Privada El Bosque de Madrid.
Los datos psiquiátricos de que se disponen figuran en una única entrevista realizada por el Dr. Roncero (psiquiatra privado) a demanda del paciente.
Sus padres se divorciaron y desde los 5 años, aproximadamente, se encuentra al cuidado de su madre, que según comenta "no estaba impedida ni loca, sino que era muy perezosilla".
Estudió A.T.S y realizó por correspondencia cursos de estética, maquillaje y peluquería. Su madre ha fallecido hace 2 meses y comenta de ella que era muy guapa y que a él no le gustaba que se descuidara, por este motivo la maquillaba, la peinaba, le arreglaba las uñas, etc.
No recuerda con exactitud la fecha del divorcio de sus padres e informa que desde entonces no ha vuelto a ver a su padre, "que éste formó otra familia y que posiblemente viva en Suecia".
Nunca ha mantenido relaciones de pareja ni relaciones sexuales y considera que el único problema que tiene es la soledad.
A la exploración, consciente, eutímico, no transfiere ansiedad, pensamiento normal en curso, lenguaje fluido. Llama la atención que tras la pérdida reciente de la madre no muestre manifestaciones de duelo. Su discurso es superficial. Impresiona de cierta incapacidad de introspección.

Información de otras fuentes
Benigno ha vivido recluido en un piso añejo con una madre enferma. Todo lo que ha hecho en su vida ha estado encaminado a cuidar a esa mujer "perezosilla", abandonada por el esposo, posiblemente histriónica y narcisista e incapaz de dar.
Almodóvar sabiamente la omite y sólo enseña de ella una voz castrante y prohibitiva con la que impide que Benigno goce sólo, fuera de ella (¡"Benigno, llevas ya media hora en la ventana"¡).
Benigno no tiene amigos, posiblemente siempre ha salido de clase deprisa, como el que tiene un bebé a su cuidado y sabe que está solo, culpabilizado y entregado a un maternaje que le reorganiza y le limita la existencia.
La única conexión lúdica con el mundo es la academia de baile que hay frente a su balcón, baile que simboliza la libertad y el autodominio.
Benigno pasa su tiempo libre mirando por la ventana... "como esa mujer de la guía de Marco, frente al Malecón, esperando inútilmente, viendo cómo el tiempo pasa sin que pase nada".
Un día, el misterioso Cupido, que siempre elige a sus víctimas, lanza su flecha y Benigno se enamora de Alicia. Con esta fantasía Benigno puede soportar el tedio cotidiano: hacer las tareas domésticas, trabajar, cuidar a la madre, contenerla, consolarla... Puede soportar la reclusión de su ser. Es un amor platónico, él lo sabe, pero es su amor, su único amor.
Con el amor de Alicia viene la muerte de la madre y Benigno no hace un duelo, pero. ¿cómo se puede hacer un duelo de alguien que ya estaba muerto?, ¿cuándo murió la madre de Benigno?, ¿fue cuando la abandonó el esposo o quizá ya estaba muerta y permanecía mantenida como Lenin, gracias al esfuerzo infructuoso de Benigno?.
Como todo enamorado, Benigno busca la ocasión de un encuentro con su amada, y lo consigue. Valiente y decidido se le aproxima y ésta le deja entrar en su mundo con la palabra; comparten la orfandad y Alicia le habla de sus aficiones, que desde ese momento Benigno hace suyas.
Imaginemos los pensamientos de Benigno tras ese primer encuentro: ese automatismo mental que a todo enamorado desborda, ese rebobinar hacia atrás, ese interpretar a favor, ese timos que se expande haciendo recordar la canción de Palito Ortega, cuyo estribillo rezaba "la felicidad ja ja ja ja, me la dio tu amor jo jo jo jo"... ¡Cuántos proyectos, planes, dudas, que se rechazan y se aceptan, que se mejoran!, ¡Cuántas conversaciones imaginarias con el amado!. Amar es "des-centrarse", salirse de sí-mismo y conlleva algo de locura y alineación.
Se acabó la soledad desolada e improductiva.... A Benigno se le abre un nuevo mundo con el amor. Al día siguiente de este primer encuentro, vuelve a la ventana y Alicia no está. Pasan los días y Alicia no aparece por la academia. Desesperado, llama a su casa; él sabe que su padre es psiquiatra y decide pedir una cita, necesita verla..., necesita frenar su locura.
Al terminar la entrevista psiquiátrica, en un descuido de la enfermera busca a Alicia por la casa, llegando a su habitación y cogiendo una pinza del pelo, necesita algo suyo y es, en este entrar en el mundo del otro sin permiso, cuando empieza a manifestarse Benigno como un loco, que desbordado por la "pasión" forcluye la Ley.
Benigno cree que con la posesión del otro se logra la plenitud y se vence la soledad ("sólo la interioridad del otro mitiga la soledad"), pero ignora que el otro tiene su propia mismidad, su propia vida y su propio destino y esto hace que en las relaciones con los demás el sentimiento permanente sea la incompletud. A la semana siguiente vuelve a la casa de Alicia, descorazonado, con la esperanza encogida, llama al timbre y posiblemente no contesten.
Alicia ha sufrido un accidente de tráfico y ha entrado en coma, ha sido trasladada a la clínica El Bosque y Benigno ha sido elegido como enfermero para cuidarla dada su buena reputación. La vida de Benigno ahora tiene un sentido pleno: cuidar a su amada con la esperanza de que algún día, como la bella durmiente, despierte y lo invista como su príncipe.
Benigno comienza a hacer por Alicia todo lo que no ha hecho por él; ver cine mudo, asistir a representaciones de ballet...., en definitiva, gozar.
En el espectáculo de Pina Bausch, "Café Müller", Benigno se identifica con ese hombre vestido de negro, con expresión triste, que aparta del camino de dos mujeres, con los ojos cerrados, como sonámbulas o como muertas, los posibles obstáculos a manotazos.
Benigno desea compartir su aprendizaje y las emociones que despierta en él, ese nuevo mundo que está conociendo y decide "hablar con ella", al principio como un monólogo, quizá los primeros años, monólogos llenos de esperanza...., hasta que un día su generoso inconsciente decide ponerle voz a Alicia, una voz que se va a adherir a todos los proyectos de Benigno.
Benigno reforma la casa y la amuebla con el consentimiento alucinado de su amada, y hasta borda las sábanas con las letras iniciales de ambos, quizá por deseo de ésta.
Hasta aquí las únicas consecuencias del delirio de Benigno son exquisitos cuidados materiales y humanos hacia Alicia, pero en una de las películas de cine mudo "El amante menguante" Benigno se "trastorna", quizá descubre el sexo en la pareja (sexo que estuvo ausente en su vida), se identifica con Alfredo, "gordito y buen tío, como él", con una madre "tremenda", quizá como la suya. Benigno proyecta en la relación de Alfredo y Amparo su relación con Alicia. En la escena de la habitación en el Hotel "Youkali" Benigno descubre que el vínculo amoroso consigue su acmé en el acto sexual ("Alfredo se queda dentro de ella para siempre", le comenta Benigno a Alicia).
El amante desea ser "el-otro" poseyéndolo. El amor es pura otreidad. El amante no solo desea estar con el otro sino fundirse con el otro.
En los sujetos normales la entrega sexual es consensuada, pero en la película del amante menguante Alfredo espera a que su amante esté dormida para entregarse a una vivencia oceánica de fusión.
Benigno, quizá interpretando en esta expresividad de Amparo que el orgasmo hace feliz a la mujer (él que siempre ha pensado "que el cerebro de las mujeres es un misterio, que a las mujeres siempre hay que tenerlas en cuenta, hablar con ellas, tener detalles, acariciarlas, recordar que existen, que están vivas, que nos importan"), sigue los pasos de Alfredo y se adentra en Alicia en pleno arrobamiento amoroso para hacerla feliz. Una violación material que no es una violación formal porque Benigno habla con ella y es correspondido por ella. Benigno quiere casarse con Alicia porque a su criterio se llevan mejor que la mayoría de los matrimonios. Niega y se niega que Alicia está en coma, en estado vegetativo, que no puede decir "sí quiero" con ninguna de las partes de su cuerpo, niega que la relación con Alicia es "un monólogo, una locura".
Condenado por violación y diagnosticado de psicópata es encarcelado. En la cárcel lee las guías de Marco y se identifica "con esa gente que no tiene nada y se lo inventa todo".
A Benigno lo único que le consuela y le da esperanza es volver a ver a su amada ("yo no puedo vivir en un mundo donde no esté Alicia, un lugar en donde no puedo tener conmigo ni su pinza del pelo", pinza con la que se recogía el pelo para bailar..., pinza que tantas veces vio asomado a la ventana).
Posteriormente, cuando toma conciencia de que salir de la cárcel es imposible y de que está condenado a renunciar a su amada, toma pastillas, dejando la siguiente carta de despedida a su único amigo: "sigue lloviendo y creo que esto es un buen presagio. Cuando Alicia tuvo el accidente también llovía. Te escribo antes de fugarme. Espero que todo lo que me he tomado sea suficiente para entrar en coma y reunirme con ella. Eres mi único amigo, te dejo la casa que preparé para Alicia y para mí. Donde sea que me lleven ven a verme y habla conmigo, no seas tan hermético, cuéntamelo todo, hasta siempre, amigo mío".

Juicion clínico
Benigno es un loco de amor, de un amor delirado; es un erotómano esencial que permanece durante todo su delirio en la fase de esperanza.

Comentario final
En esta película Almodóvar nos muestra un delirio desbravado, dulce, femenino, sin despecho ni rencor a cuya comprensión puede acceder cualquier profano. Un delirio tan dulce como la interpretación de Caetano Veloso del "Cucurrucucú Paloma".
Benigno no se suicida, no es como esos erotómanos que ante la imposibilidad de conseguir a su amado entran en melancolía. Benigno "se fuga" de la realidad de nuevo, la ingesta de pastillas es un acto más de servidumbre al delirio.

