Varón de 65 años que consulta por dolor abdominal de un mes de evolución, más intenso en hipocondrio derecho, con náuseas, sin fiebre ni otros síntomas. Presenta múltiples factores de riesgo cardiovascular, sin enfermedades hepáticas previas. A la exploración abdominal presentaba dolor a la palpación de hipocondrio derecho, sin visceromegalias ni signos de irritación peritoneal. En el análisis sanguíneo no se objetivó alteración de la hemoglobina, de la función hepática ni elevación de reactantes de fase aguda. No se determinó serología de hepatitis ni alfa-fetoproteína. El Ca 19,9 era normal.
Se realizó ecografía y TC abdominal, que revelaron una lesión redondeada y heterogénea en lóbulo hepático derecho, adyacente al fundus vesicular, con pared realzada, de 8 cm, que planteaba diagnóstico diferencial con un quiste hepático complicado, lesión infecciosa, o cistoadenocarcinoma.

En el tiempo preoperatorio se realizó nuevo TC por aumento del dolor abdominal, objetivándose crecimiento de la lesión quística multitabicada que crece del segmento IVB e improntaba la vesícula, de unos 12 cm.
En la intervención se observó una tumoración de unos 10-15 cm dependiente del segmento IV-B, con un componente sólido intraquístico sugestivo de cistoadenocarcinoma. Presentaba también una parte quística adherida a la pared abdominal, mesocolon, duodeno y que contactaba con la vesícula. Durante las maniobras de disección se produjo la ruptura de la zona quística, de la cual se drenaron 500 cc de líquido de aspecto claro que fue remitido para estudio citológico. Se completó con la resección de la masa tumoral, colecistectomía y resección hepática limitada precisando 10 minutos de clampaje hiliar.

El postoperatorio fue satisfactorio y sin complicaciones. Fue dado de alta al 5o día postoperatorio.
A pesar de que la citología del líquido ascítico fue negativa para células tumorales, el diagnóstico anatomopatológico fue hepatoblastoma epitelial del adulto, subtipo de célula pequeña indiferenciado, con áreas de diferenciación embrionaria y fetal. El borde quirúrgico estaba libre, sin invasión linfática, vascular ni perineural.
En una TC de control a los 5 meses de la intervención se apreció una lesión de baja densidad multitabicada en el lecho de resección clasificada como recidiva local, sin datos de enfermedad a distancia.
Fue intervenido realizando una extirpación de la recidiva, peritonectomía del cuadrante superior derecho y una hemicolectomía derecha. Finalmente 5 meses después de la primera recaída y 10 meses tras el diagnóstico, reingresó por un cuadro de dolor abdominal siendo diagnosticado mediante TC de una nueva recaída abdominal, no resecable, con lesiones hepáticas bilaterales, peritoneales y ascitis. Debido al mal estado general se decidió tratamiento sintomático, tras el cual el paciente falleció.

