Paciente varón de 81 años de edad, con antecedentes de hipertensión arterial, fibrilación auricular (por la que se encontraba en tratamiento anticoagulante) y adenocarcinoma de próstata por el que había sido intervenido y se encontraba libre de enfermedad.
Acudió al servicio de Urgencias por un episodio de dolor precordial irradiado a hipocondrio derecho de varias horas de evolución, acompañado de disnea de mínimos esfuerzos. En el momento de la valoración la sintomatología había disminuido. Inicialmente se diagnosticó como un posible síndrome coronario agudo por lo que se inició tratamiento y se solicitó una analítica con enzimas de daño miocárdico y un electrocardiograma que no presentaban anomalías. El paciente refería astenia y molestias en hipocondrio derecho de 7 días de evolución, pero en el momento de la valoración no presentaba dolor y la exploración física era anodina por lo que tras ser valorado por el servicio de Cardiología se dio de alta.
Seis días después el paciente acudió al servicio de Urgencias por persistencia del dolor en hipocondrio derecho acompañado de naúseas e hiporexia. No presentaba fiebre ni otra clínica acompañante. A la exploración destacaba un abdomen distendido, doloroso a la palpación en hipocondrio y flanco derecho con defensa pero con signos de Blumberg y Murphy negativos. Se realizó una analítica en la que se observaba una hemoglobina de 11 g/dl, hematocrito de 32,6%, leucocitos 14.000 con 74% de neutrófilos, INR 2,95 y fibrinógeno 816 mg/dl.
Se solicitó una ecografía abdominal en la que se observó una vesícula con paredes mal definidas y colelitiasis, además de una imagen hipoecoica compatible con líquido libre perivesicular que se interpretó como colecistitis aguda perforada y se decidió completar el estudio con una tomografía computarizada (TC). En la TC se confirmó la presencia de una vesícula con paredes mal definidas junto a una colección de líquido de alta densidad de 7x3 cm que alteraba la grasa circundante compatible con colecistitis aguda perforada.

El paciente se encontraba estable y no presentaba signos de irritación peritoneal en la exploración por lo que se decidió el ingreso en la planta de Cirugía para tratamiento conservador. Se instauró tratamiento analgésico y antibiótico (Piperacilina-Tazobactan). A las 48 horas del ingreso el paciente continuaba con molestias en hipocondrio derecho y en los análisis de control persistía la leucocitosis por lo que se decidió realizar una TC de control. En la prueba de imagen se confirmó la mala evolución del proceso con aumento del líquido libre intraabdominal. Con estos hallazgos se realizó una intervención quirúrgica urgente.

Fue intervenido mediante una incisión subcostal derecha por la que se accedió a la cavidad peritoneal. Se localizó un plastrón de epiplón que cubría la vesícula, de aspecto tumoral, con sufusión hemorrágica en espacio subfrénico y perirrenal, así como un hemoperitoneo de 2,7 litros sin apreciarse punto de hemorragia. Se realizó una colecistectomía subtotal por invasión tumoral del parénquima hepático y se extirpó la mayor parte del epiplón quedando residuo tumoral macroscópico.
La evolución postoperatoria fue favorable y el paciente fue dado de alta al 6o día postoperatorio.
A la semana del alta, el paciente reingresó por dolor abdominal en hipocondrio derecho asociado a astenia y anorexia. En los análisis se observó una hemoglobina de 7,5 g/dL, hematocrito de 22,7% y 32.500 leucocitos con desviación izquierda. El paciente presentaba mal estado general, con dolor en mesogastrio e hipocondrio derecho. Se realizó una ecografía abdominal en la que se apreció una colección de 4x4 cm en el lecho quirúrgico.
Se estableció tratamiento sintomático pero el paciente presentó un deterioro progresivo durante los días siguientes marcado por disnea, dolor abdominal en aumento, melenas y una anemización progresiva asociada a hipotensión a pesar de transfusiones por lo que finalmente falleció a los 20 días de ser intervenido.
Se realizó el estudio de las muestras remitidas a anatomía patológica. En ellas se identificaron áreas con un infiltrado en células entremezclado con focos hemorrágicos y zonas en donde las células se disponen formando canales vasculares.

Se completó el estudio con un análisis inmunohistoquímico en el que destacaba la queratina 7 positivo intenso, D2.40, CD-31 y vimentina intensamente positivo. Todo ello compatible con el diagnóstico de angiosarcoma epitelioide primario de vesícula biliar.

