Se trata del cadáver de un varón de 36 años de edad, con antecedente de melanoma de coroides del ojo derecho intervenido quirúrgicamente (enucleación) cuatro años antes del fallecimiento y que, posteriormente, fue intervenido de hepatectomía parcial y cistectomía por posibles metástasis (un año después del diagnóstico inicial del tumor de coroides). Desde entonces, las revisiones médicas, según refiere la familia, han sido normales. Inesperadamente comienza con dificultad respiratoria, falleciendo de forma súbita tras unos minutos, encontrándose junto al cadáver, restos de vómitos biliosos.
En el examen externo destaca tinte ictérico generalizado, restos biliosos que salen por la fosa nasal derecha, edema en ambos miembros inferiores (sobre todo en pie, antepié y tobillo), congestión conjuntival en ojo izquierdo, prótesis de ojo derecho, abdomen globuloso con protusión umbilical, cicatrices quirúrgicas antiguas en región subcostal y flanco abdominal derechos.
En el examen interno apreciamos una nodulación de 1,5 cm de diámetro en la superficie encefálica frontal derecha, que penetra en la sustancia blanca y de coloración pardo-negruzca.

En la cavidad torácica encontramos derrame pleural bilateral y derrame pericárdico de aspecto turbio. En la disección de los vasos pulmonares observamos un trombo de características vitales adherido a la arteria pulmonar derecha que se introduce por las ramas intraparenquimatosas.
En la pared interna de la aurícula derecha existía una tumoración de 1 x 2 cm adherida en la pared latero-interna, que ocupaba la cavidad de la orejuela, de coloración pardo-negruzca y aspecto pediculado con amplia base de implantación. La superficie se encontraba discretamente excavada y con una zona de aspecto hemorrágico en el cuadrante infero-interno.

En la cavidad abdominal existían 1.500 cc de líquido ascítico con restos de heces, adherencias peritoneales marcadas, nódulos linfáticos paravertebrales aumentados de tamaño, de coloración negruzca y duros al corte. Así mismo, también encontramos nódulos con semejantes características adheridos a las paredes peritoneales.
El hígado presentaba una lesión quística con restos de sangre coagulada y material necrótico de coloración verduzca en su interior. La cabeza del páncreas tenía aspecto congestivo y al tacto presentaba consistencia dura y fibrosa.
Las paredes del intestino delgado aparecían adelgazadas y de aspecto necrótico, con perforaciones en íleon y yeyuno que permitían la salida de material fecaloideo y alimenticio sin digerir. Existían segmentos intestinales de aspecto obstructivo, que coincidían con implantes tumorales necróticos.
El intestino grueso presentaba también áreas de infiltración tumoral de coloración pardo-negruzca.

Se solicitaron estudios químico-toxicológicos de sangre, humor vítreo y líquido ascítico y estudios histopatológicos de encéfalo, corazón, pulmón y trombos pulmonares, hígado, páncreas, intestino (duodeno, yeyuno e íleon) y ganglios linfáticos paravertebrales y nódulos de la pared del peritoneo.
En los primeros se obtuvieron resultados negativos a todas aquellas sustancias estudiadas.
En los estudios histopatológicos se demostró la existencia de una neoplasia compuesta por células poligonales y fusiformes dispuestas formando sábanas o nidos sólidos. Estos crecimientos tumorales infiltraban el miocardio auricular pero no se acompañaban de reacción desmoplásica. En el seno de la neoplasia existen zonas de necrosis y en la superficie externa se identifica un trombo adherido a una zona ulcerada. Las células tumorales presentaban nucléolos prominentes y frecuentes figuras de mitosis. Con frecuencia, en el citoplasma existía abundante pigmento melánico.
Los émbolos que se apreciaban en las arterias pulmonares presentaban distintos estadios evolutivos. Unos se encontraban en fase de organización, observándose la presencia de fibroblastos y yemas vasculares que iban infiltrando la formación trombótica ; otros, en cambio, estaban completamente tapizados de endotelio y en su seno comenzaban a proliferar los vasos desde la pared arterial; y, por último, los más recientes estaban constituidos por fibrina y ocluían el resto de luz residual y fueron los responsables del fallecimiento repentino del paciente. La presencia de émbolos en diferentes estadios evolutivos implica que, desde el trombo adherido a la superficie de la metástasis auricular, se han ido desprendiendo numerosos émbolos en un espacio de tiempo que puede oscilar entre 3 y 4 semanas de evolución.
Los hallazgos macroscópicos y microscópicos sustentan el diagnóstico de muerte súbita, secundaria a un tromboembolismo pulmonar masivo, que ha tenido su origen sobre la tumoración maligna metastásica de un melanoma en la cara interna de la aurícula derecha, que se ha ido organizando en distintos estadios a lo largo de 3 o 4 semanas y que ha finalizado ocluyendo completamente las arterias pulmonares y ocasionando la muerte del sujeto.
Por otro lado, y asociado a lo anterior, nos encontramos con un cuadro de shock séptico por peritonitis secundaria a una perforación intestinal, en el marco de una enfermedad metastásica generalizada cuyo origen es el melanoma de coroides.

