En marzo de 2006 una paciente con diagnóstico médico de Bulimia Nerviosa (en adelante 'la paciente') es recibida por el equipo de enfermería. Un enfermero (en estos casos el sexo es importante) le atiende para hacer una valoración. Tras la valoración de necesidades se establece un acuerdo de visitas programadas cada dos semanas como intervención individual de enfermería. A la vez, la paciente es atendida por un psiquiatra en consulta individual y asiste a un programa de Terapia de Grupo, un taller de relajación y un taller de imagen corporal.
La paciente es la hija pequeña de una familia de dos hermanas. Tiene 17 años. Son una familia tradicional, bien estructurada. El padre trabaja en una empresa y la madre en casa. La paciente está estudiando cuando acude a consulta, aunque está pensando en dejar los estudios y trabajar.
En la valoración inicial de enfermería aparece un trastorno de la imagen corporal relacionado con la alimentación. Principalmente adopta conductas purgativas. Además, aparecen baja autoestima, depresión, déficit en el control de impulsos y deterioro del patrón del sueño. Aunque mantiene una buena relación social y tiene conciencia de enfermedad. La paciente comenta que tiene problemas desde hace dos años.
El objetivo de la labor del profesional de enfermería en las sesiones individuales es trabajar sobre aspectos relacionados con la comida, sobre atracones y vómitos. Con ello se pretende que la paciente aprenda métodos de control de las conductas purgativas. El acuerdo de intervención se negocia con la paciente. Esta se compromete a realizar un registro de las comidas que toma durante los catorce días que transcurren entre cada entrevista. En el registro anotará, junto a lo que come, si cree que ha sido un atracón, si ha existido vómito y qué pensamiento tiene en esos momentos. Este registro está tomado y modificado del programa de tratamiento cognitivo conductual de Fairburn.9 Esto permite que, además de aprendizaje de estrategias para el control de conductas purgativas, se trabaje sobre los pensamientos y el lenguaje de la paciente.
Las nueve entrevistas quincenales tuvieron una duración de 30 minutos aproximados, donde se revisaron los datos que la paciente aportó. Las sesiones de trabajo consistieron en razonar lo ingerido y valorar si fue adecuado, buscar alternativas a los atracones o vómitos, reflexionar sobre los pensamientos y descubrir aspectos que no fuesen lógicos.
Tras un total de nueve entrevistas, se evaluó. Se decidió alta en las visitas individuales por mejoría en el control de conductas purgativas, continuando con el resto de los programas de intervención.

