Mujer de 48 años con antecedentes de endometriosis, mioma uterino tratado con embolización y miomectomía, y sin hábitos tóxicos de tabaquismo o alcoholismo. Sin hijos; padres y hermanos sin antecedentes de interés. Acude a la consulta por presentar desde hace varios meses aumento de perímetro abdominal, molestias en epigastrio asociado a pirosis, pesadez posprandial y dolor abdominal difuso y continuo, más intenso en hipocondrio derecho. En la exploración física se observa un abdomen distendido, y se palpa una masa abdominal en hipocondrio derecho, epigastrio y mesogastrio, indurada y dolorosa. No se palpa esplenomegalia ni existe semiología de ascitis. En la analítica presenta una elevación de la GGT, resto del estudio (hemograma, sistemático de orina, bioquímica general, proteinograma, estudio de coagulación, marcadores de virus hepatotropos y tumorales), sin hallazgos significativos. La tomografía computarizada abdominal muestra una hepatomegalia con incontables lesiones quísticas; destaca en lóbulo hepático derecho (LHD) un quiste de 18 cm de tamaño, vía biliar, páncreas y bazo sin alteraciones. Riñón derecho pélvico por desplazamiento hepático. Sendos quistes renales bilaterales de pequeño tamaño. Miomas uterinos calcificados. La ecografía abdominal confirmó el diagnóstico de una enfermedad hepática poliquística, con un quiste gigante en LHD. La ausencia de quistes renales significativos y de criterios de enfermedad poliquística renal permite establecer el diagnóstico de EHPA. Posteriormente la paciente ingresa de forma programada a la planta del Servicio de Digestivo, y se realiza un drenaje percutáneo con catéter 8F pig-tail, con control ecográfico del quiste hepático gigante, evacuándose un líquido transparente, sin complicaciones inmediatas. En un segundo tiempo, durante el mismo día, se realiza en el Servicio de Radiología una quistografía transcatéter, en la que no se advierten signos de fugas de contraste y se procede a la instilación de 270 ml de alcohol puro durante treinta minutos, y que se aspira posteriormente. Más tarde la paciente fue dada de alta con mejoría clínica y analítica, sin complicaciones inmediatas. Continúa en seguimiento en las consultas, permaneciendo asintomática, sin requerir más sesiones de escleroterapia. Tras 4 años del procedimiento, se le realizó un TAC abdominal, observándose una disminución del tamaño del quiste hepático tratado (8,4 cm).
