Se trata de una paciente de 46 años que consultó de forma reiterada por dolor abdominal, diarrea y pérdida de peso. Era natural de Ecuador pero llevaba 9 años viviendo en España, actualmente en Murcia. Como antecedentes destacaba una cirugía de resección intestinal realizada en su país y colelitiasis pendiente de intervención. Refería clínica de 4 meses de evolución de dolor epigástrico y periumbilical irradiado a hipocondrio derecho y vómitos tras la ingesta, además de deposiciones verdosas abundantes, sin productos patológicos, que no respetaban el descanso nocturno, junto con pérdida de peso importante, no cuantificada. A la exploración destacaba palidez de piel y mucosas, caquexia, distensión abdominal y dolor de forma difusa a la palpación. En la analítica presentaba una anemia microcítica (hemoglobina 7 g/dl, VCM 67 nm), leucocitos totales normales pero con discreta elevación de eosinófilos y un aumento de los reactantes de fase aguda. La radiografía abdominal era compatible con suboclusión intestinal por la presencia de abundantes niveles hidroaéreos. En la endoscopia digestiva alta se objetivó bulboduodenitis, por lo que se tomaron biopsias que se informaron como inflamación inespecífica sin signos de atrofia vellositaria, y gastritis erosiva. En el tránsito del intestino delgado se vio pérdida de válvulas conniventes a nivel de duodeno y yeyuno y otros signos radiológicos sugestivos de malabsorción, siendo las determinaciones de la D-xilosa negativas en sangre y orina. En una de las muestras de heces que se envió a microbiología, se observaron larvas de primera fase o rabditiformes de Strongyloides stercolaris. Se trató la infección con ivermectina 6 g al día durante dos días consecutivos, quedando la paciente asintomática y no visualizándose el parásito en muestras de heces sucesivas tras el final del tratamiento.
